2015-07-06

Ebanjelioa irudietan


Es algo común en nuestra vida diaria tomar un medio de transporte y tener en cuenta para ello adónde va y no de dónde viene. Sin embargo, a veces procedemos al revés, como los habitantes de Nazaret, al preocuparnos más por el origen o “de dónde le vienen a este tales cosas” y “¿no es este el carpintero, el hijo de María?”, en lugar de tener en cuenta el sentido y efecto actual que tenían las varias curaciones ya operadas por Jesús y conocidas por todos, a fin de tomar conciencia de quién era al que tenían delante.
Algo semejante ocurre cuando nos preguntamos de dónde vienen mis pensamientos, en lugar de averiguar cuál es su sentido. A esto responde san Bernardo diciendo: “No me importa mucho saber de dónde me viene el mal, con tal que sepa que es malo para mí”, o sea, cuál es su sentido concreto, a dónde me conduce, o cuál es su efecto final. 
De la misma manera, sólo observando el sentido y efecto de las curaciones operadas por Jesús en la gente, podían los nazarenos tener respuesta a la pregunta “de dónde le vienen a este tales cosas”. La pregunta sobre el origen en cambio, no fue más que un argumento disuasivo para no decidirse por él.
¿Me preocupan también a mí “de dónde le vienen a este tales cosas”, o más bien hacia dónde me conduce con su evangelio? ¿Pongo pretextos con preguntas semejantes para postergar mi entrega?
Guillermo Randle SJ