2015-03-02

Ebanjelioa irudietan

Cristo, he oído predicar tu Evangelio a un sacerdote que vivía el Evangelio.
Los pequeños, los pobres, quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos, salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan las iglesias se alejaran de ellas
y para que los que no las frecuentan las llenaran.
Yo pensé que era una mala señal para un cristiano
el ser apreciado por la “gente bien”.
Haría falta -creo yo- que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.
Haría falta -creo yo- que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo, tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar, es todavía fácil no escandalizarse de él,
pero vivirlo... vivirlo es bien difícil.
Michel Quoist