2015-03-24

40 días con los últimos - 2015


DEFRAUDADORES DE LA COMPASIÓN.

Nos preocupa constatar que, más que un sentimiento de injusticia social, el fraude fiscal parece generar en la opinión pública española un sentimiento de agravio, o resentimiento, personal. La opinión claramente predominante es la que sostiene que el fraude es injusto al obligar a unas personas a pagar lo que otras no pagan, así como la opinión coincidente que considera que el fraude tiene como consecuencia el aumento de la presión fiscal sobre quienes sí cumplen y pagan correctamente sus impuestos. En ambos casos nos encontramos ante una queja o protesta de carácter individual. Este sentimiento de agravio personal, esta consideración predominantemente individual antes que social o estructural de los efectos del fraude fiscal, seguramente se asienta sobre una curiosa paradoja: “cada uno nos vemos como cumplidores, son los demás los que defraudan.”
Extraña sociedad ésta en la que, tomadas una a una, las personas que la constituyen son responsables con sus obligaciones fiscales, pero tomadas en su conjunto no.

LA PALABRA NOS ILUMINA

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: “Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.” Y los judíos comentaban: “¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros?”
Y él continuaba: “Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.”
Ellos le decían: “¿Quién eres tú?” Jesús les contestó: “Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.”
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: “Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.”
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
Juan 8, 21-30

PARA NUESTRA ORACIÓN

Me cuesta Señor creer que tu sacrificio es salvador a mi vida. Debería de ser para mí una obligación devolverte tanto favor recibido y sin embargo, tantas y tantas veces te defraudo. 
Siento la injusticia de mi amor para contigo. Soy un estafador de tu compasión.
Quítame la viga de mi ojo antes de proclamar que son los demás los que no cumplen con el deber solidario de empujar esta sociedad hacia un horizonte de justicia, paz y gozo.