2015-03-02

40 días con los últimos - 2015


EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

En su análisis de la situación española, el informe FOESSA dice que el crecimiento económico no resuelve, por sí solo, la pobreza.
Dadas las debilidades observadas en el modelo distributivo, parece urgente que se adopten tanto medidas que mejoren sustancialmente la capacidad redistributiva del sistema de impuestos y prestaciones como políticas económicas que sean inclusivas, y contribuyan a reducir significativamente la desigualdad y la pobreza.
A pesar del alto nivel de empleo creado antes de la crisis, en claro contraste con lo que sucedió en los años ochenta, alcanzando máximos desconocidos desde hacía décadas, la pobreza ha aumentado. El veloz crecimiento y la intensidad de la pobreza cuestiona tanto el tipo de protección social con el que España se enfrentó a la crisis, muy por debajo de las posibilidades que ofrecía nuestro nivel de riqueza, como la viabilidad de que ambas realidades puedan reducirse solamente con mayores tasas de crecimiento económico. Los indicadores de pobreza han estado acompañados de algunos cambios en los perfiles de riesgo: juvenilización de la pobreza; hogares con niños, hogares monoparentales, mejora de las personas mayores, entre otros.

LA PALABRA NOS ILUMINA

Dijo Jesús a sus discípulos:
“Sed compasivos como vuestro padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.”
Lucas 6, 36-38

PARA NUESTRA ORACIÓN

Proclamemos con el salmo 102:

El Señor es compasivo y clemente, paciente y misericordioso;
no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo.
No nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles.
Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestras culpas.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce de qué estamos hechos,
se acuerda que somos barro.