2015-03-18

40 días con los últimos - 2015


LA EXCLUSIÓN NO HA AFECTADO A TODOS POR IGUAL SINO A DOS GRUPOS: LOS JÓVENES Y LOS GRUPOS ÉTNICOS

Respecto a los JÓVENES algunos hablan de “generación perdida”, otros de “generación hipotecada”. La realidad es que estamos ante el grave riesgo de toda una generación. El no acceso al trabajo en un momento clave de su vida cuando se asientan las carreras profesionales, se tejen las redes sociales, se construyen los hogares y se tienen los hijos... Esta crisis por su intensidad y duración, deja una profunda huella generacional.
Hay un sector importante de la población juvenil con dificultades muy grandes para seguir adelante con su proyecto vital. Uno de cada cuatro jóvenes están fuera del mercado de trabajo y no están recibiendo ninguna formación.
Otro elemento destacable es que, cada vez más, la exclusión se asocia al FACTOR ÉTNICO, preferentemente relacionada con la inmigración y la comunidad gitana. Eso supone un factor añadido que intensifica la fractura social existente.

LA PALABRA NOS ILUMINA

Así dice el Señor: “En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, a los que están en tinieblas: “Venid a la luz.” Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin.
Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados.
Sión decía: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado. ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.”
Isaías 49,8-15

PARA NUESTRA ORACIÓN

Para los profetas era inminente la liberación de Israel. Sin embargo los exiliados no compartían esa esperanza. Para muchos de ellos la esclavitud se había convertido en un estilo de vida asumido, en el que se habían instalado. La perspectiva de volver a un país arrasado como Palestina no les atraía ni motivaba.
Los profetas luchan por mantener viva la esperanza de un pequeño grupo de fieles y tratan de suscitarla en una mayoría indiferente. Muchos del pueblo llegaron a pensar que Dios les había abandonado. Por ello el profeta afirma con contudencia. “¿Puede una madre olvidarse de una criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”.
Señor, la exclusión de los jóvenes y de los grupos étnicos conlleva la ruptura de tantos proyectos vitales, de tantas esperanzas, de tantas travesías que mueren en la orilla. Vivimos en una cultura del descarte donde tantos son descartados por su edad o procedencia, porque no saben, no cuentan, no sirven, no producen, no votan, no influyen... Que en este camino de Cuaresma nos nos olvidemos de los demás como tú no te olvidas de nosotros. ¡Señor, gracias porque tú no te olvidas de nosotros!