2015-03-17

40 días con los últimos - 2015


LAS FAMILIAS ESPAÑOLAS ESTÁN LLEGANDO AL LÍMITE DE. HAY SÍNTOMAS DE AGOTAMIENTO

Esta crisis tiene una característica muy especial y es que, a diferencia de lo que pasó en los años 70 y 80, esta vez ha afectado de forma sustancial a las personas de de referencia del hogar, a aquellos que aportaban más ingresos. La consecuencia de esto es que en muchos hogares ahora mismo no hay ninguna persona trabajando que aporte ingresos.
Esa concentración de desempleo en estos hogares limita mucho la capacidad de apoyo de las familias. Podemos decir que la familia española ha llegado a su límite de capacidad de protección y ahora está sometida a muchas tensiones y una fuerte sobrecarga por las obligaciones de atender a otros.
Un ejemplo de ello son las personas mayores que con su pensión tienen que ayudar a sus hijos y a sus nietos en el pago de las hipotecas o en el mantenimiento de su vida diaria. Para ellos la preocupación ya no es tanto que les congelen la pensión sino que, con esa pensión, tienen que mantener a otros miembros de la familia.

LA PALABRA NOS ILUMINA

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: “¿Has visto, hijo de Adán?” A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes.
Me dijo: “Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia.
Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.”
Ezequiel 47,1-9.12

PARA NUESTRA ORACIÓN

Como un río de agua viva. Así es la presencia de Dios en medio del templo, de su pueblo, de toda la creación.
Un río de agua viva que genera y transmite la vida. Un río que, por donde pasa, va saneando y dando vida. Es una vida creciente, imparable, purificadora, recreadora. Donde llega florece la vida.
Señor, que ese río de agua viva llegue a las familias, especialmente a las familias en las que debido a la situación de falta de trabajo de todos sus miembros viven con angustia, con gran incertidumbre y se encuentran al límite de sus posibilidades.
Que en este camino de Cuaresma nos dejemos inundar por ese río de agua viva para que seamos portadores de vida y esperanza para esos casi dos millones de familias que se encuentran en esta situación. ¡Señor, que llegue a mí tu río de agua viva!