2015-02-24

40 días con los últimos - 2015


LA EXCLUSIÓN SEVERA HA AUMENTADO

La necesidad de un nuevo contrato social a medio plazo reside en el interés de las grandes mayorías de ciudadanos para las que un trabajo decente y una protección social eficaz es la garantía de una vida social digna.
La crisis actual ha provocado tanto una creciente desafección política por los impactos sociales de la crisis, como por el estilo impositivo de las reformas sociales y el incumplimiento de las ofertas electorales.
El empeoramiento de la situación social en España se manifiesta por un claro descenso de la proporción de hogares y personas que se encuentran plenamente integrados. Este núcleo central de la sociedad española que llamamos integración plena, es ya una estricta minoría. Por el contrario, todos los espacios, desde la integración precaria o la exclusión moderada hasta la exclusión severa han aumentado significativamente.
En total, el espacio social de la exclusión social en España, que suponía el 15,8% de los hogares en 2007, ha aumentado casi 2 puntos en la primera etapa de la crisis (2009), y se ha intensificado notablemente después hasta el 21,9% de los hogares en 2013.

LA PALABRA NOS ILUMINA

“[...] orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal [...]”
Mateo 6, 7-15


PARA NUESTRA ORACIÓN

Vivimos en una sociedad en donde lo que manda es tener, comprar, estar a la última, aunque tenga que empobrecerme humana y espiritualmente. Es la experiencia del hijo pródigo, nos estamos alejando de la casa del padre. 
Vivimos en un mundo sin Padre, sin hogar... fruto de una cultura posesiva, de poder, generadora de soledad, exclusión, injusticia, marcación.
A lo sumo nuestra experiencia religiosa/humana es una relación de petición. Hemos perdido la capacidad de agradecimiento y alabanza por todo lo recibido.
Tenemos que volver a casa , a vivir una experiencia de compartir, de fiesta, de acogida en donde nadie es más que nadie, todos somos hijos, y por lo tanto hermanos. El perdón, la comunicación de bienes, la sensibilidad misericordiosa y el sentirnos todos parte de una gran familia debería ser la reacción a esta experiencia enloquecida de desierto, de lucha, de injusticia que nacen de nuestro egoísmo y nuestra sed de poder.
Señor que como el hijo pródigo sea capaz de tocar fondo y descubra la dicha de petición de perdón y de compartir los bienes de la casa del Padre.