2015-02-20

40 días con los últimos - 2015



DANOS ENTRAÑAS DE MISERICORDIA

Se está produciendo una confrontación entre mayores demandas y menores recursos, lo que genera una «crisis de desprotección» que «asistencializa» los derechos, y coloca a los asistidos en el foco de la sospecha de por qué ese gasto.
Y lo que percibimos como una imposición casi incuestionable, no es más que el resultado de la lógica que entiende la crisis como la oportunidad de la puesta en marcha de una propuesta de un nuevo modelo de sociedad. Un modelo que pasa del «contrato social» al «contrato mercantil». Es decir, lo que antes eran derechos garantizados para todos se va reconfigurando en un modelo de aseguramiento personal. Aquello que tú no te puedes garantizar con tus propias rentas, con un seguro, quedas fuera de ello.
Sin duda alguna, los procesos económicos mencionados se relacionan con procesos de naturaleza cultural e ideológica. Si bien las instituciones del bienestar han sido, por encima de todo, un proyecto de vida en común, es precisamente ese proyecto de comunidad, el que ha entrado en crisis.


LA PALABRA NOS ILUMINA

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
Salmo 50

PARA NUESTRA ORACIÓN

Empezamos el miércoles de ceniza con el salmo 50 y hoy aparece de nuevo.
Reconocemos, Señor, nuestro pecado personal y colectivo.
Te presentamos nuestra fragilidad, nuestro pecado de omisión ante esta sociedad que mantenemos con nuestra pasividad.
Traemos nuestra culpa y delito ante los hermanos que excluimos del proyecto de comunidad, sabiendo que tu misericordia es más grande que nuestro pecado Sabemos que tú no desprecias a las personas quebrantadas, que las más vulnerables son tus predilectas.
¡Danos Señor, entrañas de misericordia!
Gracias, Señor, por los que encarnan tu misericordia, por los que ponen manos y rostro al Dios compasivo, los que se sacrifican por los demás en el callado día a día.
¡Que no se cansen de hacer el bien!