2014-06-16

Ebanjelioa irudietan

El amor que entrega Dios en su Hijo no se entiende desde la perspectiva humana porque muchas veces nuestro amor es egoísta, no respeta la diferencia y prefiere respuestas según el propio capricho.
Cuando se acepta y se entrega el amor desde el “tanto” del evangelio, se vislumbra su esencia incontable, insospechada, infinita. Y desde la incomprensibilidad del “Tanto amor” se es capaz de amar, de aceptar y de vivir.
Entonces, ¡sí que tiene sentido la expresión de san Juan!, “…tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único…”, porque si dejamos que ese mismo amor, imposible de contar, realice en nosotros gestos de amor, es signo de que hemos escapado de la trampa maliciosa del “dar para recibir”.
Pidamos a Dios que nos eduque en el amor y que podamos despertar de la dañina fantasía de creer que amor es lograr que “los demás me quieran como yo quiero”.