2014-04-10

40 días con los últimos - MARYLAND - Cuando el PIB ya no sirve para medir el progreso

Cuando el PIB ya no sirve para medir el progreso











MARYLAND
Población: 5.884.000 h.

Índice de Progreso Genuino
Desde hace tiempo, se viene apuntando que el Producto Interior Bruto (PIB) no refleja correctamente el desarrollo de un país o región. Son muchas las ineficiencias de este índice que, a con todo, sigue siendo el preferido de políticos y economistas. Una de las propuestas alternativas al PIB es el Índice de Progreso Genuino, IPG (en inglés Genuine Progress Indicator, GPI), que tiene en cuenta valores ecológicos y el desarrollo sostenible como necesarios para el bienestar social. Amplia el marco de la contabilidad tradicional incluyendo al alza las inversiones netas de capital y las inversiones en trabajo con el objeto de reflejar actividades no remuneradas por el mercado, como el trabajo doméstico no remunerado, el voluntariado y el cuidado de familiares. Contabiliza a la baja los costes derivados de la degradación ambiental y la pérdida de recursos naturales, las desigualdades de renta, la deuda externa y la delincuencia.
El IPG se calcula a partir de 26 índices agrupados en tres ámbitos -económico, medioambienal y social-. En cada uno de ellos se cuantifica el coste, calculado en dólares, de la magnitud correspondiente. El IPG recoge los mismos datos de consumo personal que hace el PIB en valor monetario, pero además ajusta algunos factores (como la inequidad en la distribución de la renta), y añade otros, tanto positivamente (como la actividad doméstica y de voluntariado) como negativamente (costes de los delitos y de la contaminación).
Una comparativa más concreta entre el PIB y el IPG nos muestra lo siguiente:
  • Delitos y divorcios. El PIB trata los costes económicos del sistema judicial, penal y carcelario y su crecimiento como un añadido al bienestar. El IPG resta los costes derivados de delitos y divorcios, entre otros.
  • Trabajo doméstico y voluntariado. El PIB ignora estas actividades cuando no suponen intercambio monetario. El IPG incluye el valor del trabajo doméstico no remunerado calculando su coste como si se contratara a alguien para realizarlo.
  • Distribución de la renta. La renta per cápita no recoge las diferencias entre ricos y pobres. El IPG crece cuando cuando los pobres reciben un mayor porcentaje de la renta nacional y cae cuando su parte disminuye.
  • Agotamiento de los recursos. Cuando se agota un recurso básico en el presente también se agota su disponibilidad futura por lo que no se está creando bienestar, sino más bien se toma prestado de las generaciones futuras. El PIB cuenta estos recursos como ingreso (crecimiento); el IPR contabiliza como un coste el agotamiento o la degradación de las zonas húmedas, de los campos agrícolas y de los minerales y energías no renovables (incluyendo el petróleo).
  • Contaminación. Es contabilizada por el PIB como una ganancia doble -cuando se genera y cuando se tiene que limpiar-. El IPG resta el coste de la contaminación a la salud humana y al medio ambiente.
  • Daños ambientales de largo alcance. Tanto los efectos del cambio climático (desaparición de la capa de ozono) como la gestión de los residuos radiactivos son costes a largo plazo por el uso de los combustibles fósiles y nucleares. El IPG incluye estos costes.
  • Trabajo y tiempo libre. El aumento del bienestar debería permitir que los ciudadanos reduzcan la jornada de trabajo, ganando tiempo libre para el ocio, la familia y otras actividades. El PIB no valora el tiempo libre ni la reducción de la jornada de trabajo, el IPG trata el ocio como la mayoría de ciudadanos lo hacen: como algo valioso que aporta calidad de vida y bienestar social, así, cuando el tiempo de ocio, en relación a la jornada de trabajo, se incrementa, el IPG sube.
  • Gastos preventivos. El PIB cuenta como ingreso los gastos en bienestar general como seguros, facturas médicas, reparaciones de accidentes automovilísticos, gastos de transporte por traslado del hogar al trabajo. El IPG trata estos gastos preventivos como costes no como beneficios.
  • Dependencia de la deuda externa. Cuando un país acude a la deuda pública y en concreto a la deuda externa (financia su consumo con préstamos del exterior) ese país está viviendo a costa de las generaciones futuras. Para el IPG los aumentos de las reservas de capital son aumentos del bienestar y los préstamos (la deuda) es una disminución del mismo.
El Estado de Maryland, en EE.UU., lleva desde los años 60 del s. XX midiendo su Índice de Progreso Genuino, como una útil herramienta tanto para el Gobierno como para la población. Una de las grandes constataciones ha sido comprobar cómo a pesar de que el PIB de este Estado no ha dejado de crecer desde hace décadas, el IPG no ha crecido a la par, pues si bien en los indicadores sociales se ha mantenido estable, los indicadores medioambientales han ido retrocediendo año tras año. El Estado de Maryland es un ejemplo de un Gobierno que incluye otros parámetros además de los económicos en el análisis y definición de sus políticas.

Página del Índice de Progreso Genuino de Maryland (en inglés):
http://www.dnr.maryland.gov/mdgpi/index.asp

Para la reflexión, acción y oración
"Tener" objetos y bienes no perfecciona de por sí al sujeto, si no contribuye a la maduración y enriquecimiento de su "ser", es decir, a la realización de la vocación humana como tal (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 28).

Son muchas las ineficiencias del concepto de Producto Interior Bruto (PIB) que, con todo, sigue siendo el índice preferido de políticos y economistas, preocupados por el crecimiento económico que se expresa en dinero. Sin embargo, el sentido común -y los datos de la realidad- nos dice que esa preocupación es contraproducente cuando se ignoran otros factores. ¿Debemos alegrarnos porque crece el PIB cuando parte de ese crecimiento se debe a una mayor contaminación o a mayores gastos en el sistema judicial y carcelario? ¿Es buena noticia que aumente el consumo a costa del agotamiento de los recursos naturales? ¿Debemos felicitarnos por gastar más cuando ese gasto es deuda que transmitimos a la siguiente generación? ¿A ti qué te parece?

Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres (Lc 2, 52).

Padre nuestro, Abba querido,
ayúdanos a crecer como Jesús,
comprendiendo que estamos llamados a crecer sin límite
en la mente y en el espíritu -en sabiduría y en gracia ante ti-,
pero que el crecimiento físico y material -en estaturadeja
de ser deseable a partir de cierto punto...

Convertirse al Dios de Jesús
José Ignacio González Faus SJ
Cristianisme i Justícia
Nuestra cultura neoliberal ha hecho dos reducciones muy astutas: de lo cualitativo a lo cuantitativo, y de las cantidades concretas a las cantidades abstractas.
La primera lleva a confundir progreso y desarrollo con mero crecimiento, sin preguntarse si eso que crece es un tumor o es un organismo completo. Y, en el caso de la segunda, sin preguntarse si crece todo el organismo o sólo una parte de él. Gracias a lo cual puede decirnos Rajoy que estamos saliendo de la crisis aunque sigamos pasando hambre y con precariedades en salud y educación.
Esas son las ventajas de las estadísticas que sólo se preocupan de términos medios cuando en la realidad no existen términos medios sino personas enteras. Si los médicos aplicasen estos criterios de los economistas dirían que está creciendo una persona simplemente porque le crece un tumor (que podría además ser maligno) o porque le crece una tripa que la desfigura. ¡Qué fácil sería entonces la medicina! Pero ¡qué peligrosa! Pues eso nos pasa con la economía.
En cambio, la Constitución del Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo (Gaudium et Spes o GS) denuncia las desigualdades como el mayor mal de nuestra hora histórica, destacando después que la raíz de todas las injustas desigualdades de nuestro mundo es económica. Pero, a la vez, distingue claramente entre desigualdades y diversidades. Éstas son cualitativas y deben ser respetadas al máximo porque pueden enriquecernos mucho. Aquellas son cualitativas y deben ser abolidas o disminuidas lo más posible (remito para desarrollar esto al Cuaderno 185 de “CyJ”: Una iglesia nueva para un mundo nuevo).
Con estos reduccionismos interesados, nos hemos cargado el gran ideal humano y cristiano expresado en el famoso eslogan de la revolución francesa “libertad, igualdad, fraternidad” y hemos llegado a una libertad contra la igualdad y contra la fraternidad. Si queremos averiguar el porqué de esa deformación, creo que es hora de preguntarse si el grito de la revolución es posible sin la afirmación decidida del Dios revelado en Jesucristo. En Jesucristo Dios nos hace hijos suyos y ese es el fundamento de nuestra dignidad y el verdadero contenido de nuestra libertad. Esa filiación divina reclama entonces la fraternidad y ésta exige la máxima igualdad posible entre todos los hermanos. Sin esa dignidad divina de todo ser humano, la fraternidad se convierte en hostilidad y hemos acabado en un mundo pleno de enemistades fomentadas desde una pretensión de libertad.
También afirmamos que la igualdad es imposible porque la naturaleza está llena de desigualdades y “el pez grande se come al chico”, etc. Con lo cual terminamos reconociendo que no nos reconocemos más que como animales, no como seres humanos.
Así la reducción inicial de lo cualitativo a lo cuantitativo acaba llevándonos a una reducción alarmante de nuestro ser humano. Cuaresma debería ser tiempo no de una conversión abstracta, sino de convertirse al Dios de Jesús.