2014-03-17

Ebanjelioa irudietan

¿En alguna ocasión te has sentido marginado o excluido?
¿Has podido experimentar el dolor de no sentirte respetado ni apreciado?
Imagina ahora a las millones de personas en el mundo que hoy se sienten excluidas y expulsadas de un sistema que privilegia a unos pocos en detrimento de muchos. Según estadísticas, más o menos fehacientes, el 95% de la riqueza del planeta se halla en las manos de menos del 5% de la población mundial. Esta cifra espanta y perturba. Se asemeja a un aguijón clavado en el pie….Podemos olvidarnos de que está allí, pero cada paso que damos, nos lo recuerda.
Es cierto que cada uno de nosotros, en forma solitaria, poco podemos hacer para cambiar al mundo. Pero también es real que si nos quedamos inmóviles el sueño de un mundo más justo y equitativo no se concretará jamás.
La ayuda que podamos ofrecer soluciona una parte de la situación. Pero los problemas coyunturales no pueden ser atacados con soluciones aisladas y momentáneas. Necesitan que nos involucremos de verdad y seriamente. No sólo con el bolsillo, sino y sobre todo, con el corazón.
El papa Francisco lo decía hace pocos meses: “si das dinero a alguna persona que mendiga y no lo miras a los ojos, o si ni siquiera deseas rozarle la mano por temor a ensuciarte no estás dando por amor”. Es dar para acallar la conciencia. Nada más.
Los alimentos pueden solucionar el problema del hambre, pero la solución a largo plazo implica que todos reconozcamos que nada nos pertenece, que todo nos ha sido dado. Que compartir es lo que vino a enseñarnos Jesús quedándose en la Eucaristía. Que el pan compartido es vida nueva para quien lo da y para el que lo recibe…
Ya no podemos mirar las noticias en la tv o leer en los periódicos y espantarnos de las cifras de muertos por hambre o violencia. Tenemos que ayudar desde nuestras posibilidades. Compartir tiempo, recursos, sueños, proyectos, alegrías y tristezas…
En este día que termina podemos preguntarle al Señor dónde nos necesita, ¿en qué sitios nuestras manos pueden aliviar el dolor de otros?, ¿y a qué misión hemos sido llamados por Él?
Pasamos una sola vez por esta vida…¿Podemos hacerlo con tanta indiferencia?
@Ale Vallina