2014-03-09

40 días con los últimos - GUINEA BISSAU - Visión cristiana del desarrollo: desigualdad

Visión cristiana del desarrollo: desigualdad






GUINEA BISSAU
Población: 1.699.000 h.
IDH: 0,364 (puesto nº176 de 187)
IDH ajustado por la Desigualdad: 0,213 (pérdida del 41,4 %)

En este primer domingo de cuaresma hacemos una primera parada en nuestro itinerario. Como ya apuntábamos en la presentación, los domingos el contenido será más breve y centrado en la visión cristiana del desarrollo. Además, los textos de la Palabra de Dios serán los de la Eucaristía del día. Será una manera de tener más presente el Tiempo Litúrgico que estamos viviendo.

La centralidad de los que están peor
Tenemos una responsabilidad colectiva con los menos privilegiados del mundo, concluye el prólogo del Informe del PNUD de 2011 (p. V). Y un par de páginas después: El desarrollo humano pone a las personas más desfavorecidas en el centro de su atención (p. 2). En este punto, la identificación con la sensibilidad cristiana es total. Los cristianos afirmamos con la misma rotundidad que el Evangelio pone a las personas más desfavorecidas en el centro de su atención. Desde hace dos mil años, nuestra preocupación se dirige primordialmente a los más desfavorecidos. Así lo hemos aprendido de Jesús. ¡Ay de vosotros los ricos, los que ahora estáis satisfechos! Bienaventurados los pobres, los que ahora tenéis hambre, los que lloráis (Cf. Lc 6, 20-26). Así lo han vivido y viven tantos y tantos cristianos a lo largo de los tiempos. Así lo reflejan muchos e importantes documentos del Magisterio.

Comenzamos una semana dedicada a comprender cómo las desigualdades (en la esperanza de vida, los ingresos o la educación) merman el desarrollo humano. Volviendo al símil cómico que ilumina el eje conductor de esta campaña, no nos interesa el dato de cuántos pollos hay de media sino cómo están repartidos. Y, sobre todo, nos interesa la suerte de aquellos a quienes no les llega ni un pedazo. 

Como escribe Enrique Lluch:
"El desarrollo de nuestras sociedades debe centrarse en cómo evolucionan los que peor están, los más desfavorecidos. En la medida en que estos mejoran, la sociedad en su conjunto lo hace, y en la medida en que estos empeoran, empeoramos todos. Cuando en una familia hay un miembro que tiene una enfermedad grave, el bienestar del conjunto depende de cómo esté él (el más débil de la familia). La mejora de uno de los que no están enfermos, aunque haga mejorar la media de todos, no repercute en una mejora del bienestar general de la familia. Lo que todos quieren para que se incremente el bienestar común es que quien peor esté mejore, y el avance del conjunto depende de esto. La mejora del eslabón más débil es el que hace que progrese el conjunto en el ámbito familiar" (Más allá del decrecimiento, PPC 2011, p. 74).

Guinea Bissau es uno de los países cuyo Índice de Desarrollo Humano retrocede más cuando se introduce el parámetro de la desigualdad. En nuestra oración, hoy tenemos presentes a los más desfavorecidos y, especialmente, a los de este país.

Lecturas de la eucaristía de hoy:
Gn 2, 7-9; 3, 1-7: Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos.
Sal 50: Misericordia, Señor, hemos pecado.
Rm 5, 12-19: No hay proporción entre la gracia de Dios y las consecuencias del pecado.
Mt 4, 1-11: Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.

Señor Jesús,
tú has sido puesto como bandera discutida
y señal de contradicción
para que muchos caigan en la cuenta y se levanten.
Ábrenos los ojos para que nos demos cuenta
de las consecuencias de nuestro pecado
y de la enorme desproporción de tu gracia salvadora.