2014-03-08

40 días con los últimos - ZAMBIA - Dependientes que han de estar pendientes de otros

Dependientes que han de estar pendientes de otros











ZAMBIA
Población: 14.129.000 h.
IDH: 0,448 (puesto nº163 de 187)
Tasa Total de Dependencia: 99,0

Tasa Total de Dependencia (TTD)

Se entiende por "Tasa Total de Dependencia" la relación entre la suma de la población de entre 0 y 14 años y aquellos que tienen 65 años o más, y la población de entre 15 y 64 años de edad. De alguna manera, es la proporción entre la parte de población "productiva" -los adultos- y la "no productiva" -niños y ancianos-, hablando por supuesto en términos monetarios y obviando el hecho de que una parte importante de la población en edad laboral no es población activa.
Por ejemplo, en España por cada 100 personas entre 15 y 64 años, hay 48,4 personas fuera de esa franja de edad. Podríamos decir que de cada dos adultos españoles en edad laboral depende una persona "económicamente dependiente". En países como Qatar o los Emiratos Árabes la proporción es de cinco a uno (cinco adultos mantienen a una persona "dependiente"). En el extremo contrario, en Níger, Uganda, Zambia o Malí, hay prácticamente tantos adultos en edad laboral por cada persona "económicamente dependiente" (básicamente niños).
La Tasa Total de Dependencia tiene grandes repercusiones en la economía de un país y suele guardar relación con el IDH: a mayor IDH, normalmente menor tasa de dependencia.

Más información sobre la Tasa Total de Dependencia en:
http://es.wikipedia.org/wiki/Tasa_de_dependencia

A los 82 años cría solo a sus cinco bisnietos

Tapiwa Gomo (Federación Internacional de la Cruz Roja)

"Este año la cosecha fue mala por la escasez de lluvias. Me canso, pero no tengo más remedio que trabajar en el campo", cuenta Godfrey Mwila, de 82 años, a quien no le queda otra alternativa pues tiene que sacar adelante a sus cinco bisnietos.
Vecino de Kapiri Mposhi, a unos 200 kilómetros al noroeste de Lusaka, Zambia, el sida trastocó la vida del Sr. Mwila. "Mis ocho hijos fallecieron", explica mientras las lágrimas caen lentamente por su rostro. "Algunos tenían hijos pero mis 10 nietos también murieron y ahora estoy solo para criar a mis cinco bisnietos."
Kapiri Mposhi está en el cruce de la ferrovía y la red de carreteras que se extiende desde Tanzania. Punto clave de tránsito, la zona atrajo una afluencia de trabajadores del sexo comercial y la propagación de la enfermedad se desplegó. El sida se cobró miles de vidas entre sus 270.000 habitantes y se estima que la tasa de incidencia supera el 17%. Los índices de pobreza son altos y, seguramente, aumentarán pues el ferrocarril, que era uno de los principales empleadores, recorta servicios a medida que disminuye la demanda.
El Sr. Mwila vendió la mayor parte de lo que tenía en el intento de salvar a sus hijos costeándoles el tratamiento. Luego, hace unos años, la enfermedad acabó con su ganado. Hoy en día, no le queda prácticamente nada. A una edad en la que con toda razón podía esperar que su familia cuidara de él, el Sr. Mwila tiene que procurarse dinero de alguna manera para pagar las matrículas y, lo que se le hace más difícil, cultivar alimentos para él, su esposa y los cinco niños.
"Después de cada cosecha, recogemos algunos sobrantes o le pedimos a los chicos que trabajen para nuestros vecinos. Sólo espero que alguien en algún momento me traiga fertilizantes para que podamos cultivar y cosechar lo suficiente para nosotros. No quiero que los niños tengan que ir a mendigar. Les enseño a escuchar para que vivan muchos años y tengan éxito en la vida", comenta.
Apoyada por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y otros donantes como la Cruz Roja Sueca, actualmente, la Cruz Roja Zambiana procura alimentos, otros artículos de primera necesidad y ropa al Sr. Mwila y su familia. El objetivo es asegurar que los niños estén alimentados y puedan proseguir su educación.
El proyecto de apoyo a huérfanos y otros niños vulnerables forma parte del amplio programa de atención domiciliaria. Iniciado en 2004 con 40 huérfanos, ahora asiste a 340 y el número sigue aumentando a mediada que más y más personas sucumben a la pandemia.
"Es imperativo que nuestros esfuerzos se orienten a ofrecer un apoyo holístico a los huérfanos y otros niños vulnerables para salvar el futuro de nuestro país. Estos niños nos necesitan y también necesitan nuestro apoyo. No podemos mirar para otro lado mientras luchan solos. Necesitan que les demos esperanzas", afirma el Dr. Moses Simuyemba, Coordinador de Salud y Asistencia de la Cruz Roja Zambiana.
En África meridional, millones de huérfanos y de niños y ancianos vulnerables se encuentran en una situación similar. Esta región registra las tasas de incidencia del VIH más altas del mundo y las generaciones más jóvenes están siendo diezmadas por lo cual, los más chicos tendrán que atravesar la infancia expuestos a numerosos riesgos y peligros. Al menos por el momento, los jóvenes Mwila tienen a su bisabuelo que le cuida pero él también necesita ayuda.

Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

Fuente: http://www.ifrc.org/es/noticias/noticias/africa/zambia/zambia-left-to-care-for-five-reatgrandchildren-at-82/

Para la reflexión, acción y oración

El índice de Tasa Total de Dependencia compara la parte de población "económicamente productiva" (entre 15 y 64 años) con la "económicamente dependiente" (el resto). Pero esto es solo en términos económicos o, mejor dicho, monetarios. En realidad, todos, tengamos la edad que sea, somos interdependientes. Todos dependemos de los demás para satisfacer nuestras necesidades y para realizarnos como personas. Aunque evidentemente los niños, ancianos, minusválidos y enfermos necesiten más cuidados, todos tenemos necesidad de cuidados y podemos y debemos cuidar de los otros. Este trabajo de los cuidados, que con frecuencia recae en las mujeres, no siempre es reconocido y valorado.
¿A quién cuidas tú? ¿Quién te cuida a ti? ¿A quién puedes cuidar?

«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", ydecís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotrosdebéis lavaros los pies unos a otros». (Jn 13,13-14)

Señor y Maestro Jesús,
tú que nos has enseñado a cuidarnos los unos a los otros,
ayúdanos a seguir tu ejemplo,
sobre todo con quienes más necesitan de nuestros cuidados.
Ayúdanos a darnos y a cuidarnos
sin medida ni llevar cuentas,
como tú nos has amado.

«¿Somos tu familia?»
Javier Anso, sm
Cuba

He tenido la oportunidad de visitar Zambia en diversas ocasiones y conservo muchos recuerdos de ese país. Hay uno, sin embargo, que no se me aparta de la cabeza. En un Colegio de Lusaka, la capital, me enseñaron un mural que había en un lugar destacado. Allí estaban escritos unos números y unos nombres. Los números representaban las diversas promociones de alumnos: 1980, 1981, 1982, etc . Debajo del año aparecían los nombres de los alumnos y profesores de esa clase que habían muerto a consecuencia del SIDA. Siempre que volvía ese Colegio iba a visitar ese mural, pudiendo comprobar, al compararlo con la foto tomada en mi anterior visita, que el número de fallecidos crecía sin cesar en todas las promociones.
Vivamos donde vivamos, no podemos dejar solo al señor Godfrey Mwila y a sus biznietos. Ni a ellos, ni a todos los que viven una situación semejante. La política y la economía deberán tratar de conseguir que la Tasa Total de Dependencia sea lo menor posible para asegurar el mayor bienestar a los ciudadanos de cada país, pero esas medidas no bastan. En algunos países, además, van a tardar demasiado tiempo en alcanzar su objetivo. Y mientras tanto, año tras año, en aquel mural o en los muchos no-monumentos del dolor anónimo, nuevos nombres se seguirán sumando…
No podemos pretender ignorar que personas como Godfrey y los suyos existen. Ni quedarnos con los brazos cruzados. Nadie puede. Y, desde luego, no los cristianos, porque si tenemos un mismo Padre, es que somos hermanos. Are we your family?, preguntaban dos niños indios en un cartel de una ONG inglesa. Podemos decir: ¡No!, y vivir en consecuencia; pero lo que no nos es permitido es decir. “¡Sí, sois mi familia!”, y mirar para otro lado… Si queremos podemos cambiar de dios; pero lo que no podemos es obligar a Dios a que cambie su pregunta, la única, la misma que nos hace desde el principio de los tiempos: “¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho de tu hermano?” (Gn 4, 9s).