2014-03-31

40 días con los últimos - UZBEQUISTÁN - Exportar el medio ambiente sin que importe

Exportar el medio ambiente sin que importe






UZBEQUISTÁN
Población: 30.214.000 h.
IDH: 0,654 (puesto nº114 de 187)
Indice de desempeño ambiental: 32,24 (puesto nº130 de 132)

Índice de Desempeño Ambiental

El Índice de Desempeño Ambiental (EPI, en sus siglas en inglés) es un método para cuantificar y clasificar numéricamente el desempeño ambiental de las políticas de un país. El EPI fue precedido por el Índice de Sostenibilidad Ambiental, desarrollados ambos por las Universidades de Yale y Columbia. El EPI no solo sirve para comparar unos países con otros sino para evaluar el resultado de las políticas ambientales de un país a lo largo del tiempo. Hasta ahora se han publicado cuantro informes, en 2006, 2008, 2010 y 2012.
En su elaboración se analizan 25 indicadores divididos en dos grandes objetivos, salud ambiental y vitalidad de los ecosistemas. La salud ambiental se divide en tres categorías de políticas: el impacto del ambiente en la salud, agua potable y saneamiento básico, y los efectos de la calidad del aire en la salud. La vitalidad ambiental se divide en cinco categorías de políticas: efectos de la contaminación del aire en los ecosistemas, recursos hídricos, biodiversidad y hábitat, recursos naturales productivos y cambio climático.
Según este índce, el país con mejor desempeño medioambiental es Suiza (valor: 76, 69) y el peor Irak (valor 25,32). España ocupa el puesto nº 32 (valor 60,31).

Más información sobre el Índice de Desempeño Ambiental en:
http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_Desempe%C3%B1o_Ambiental

     Los últimos en desempeño ambiental                                    Los primeros en desempeño ambiental
 
De Mar de Aral a Desierto de Aral en cincuenta años

El mar de Alral 2n 1960 y en 2008
Cada mes de septiembre, mientras niños de medio mundo comienzan sus clases, los jóvenes uzbecos dejan las clases y semadentran en los campos de algodón. Durante horas, son obligadosma recoger kilos de algodón. La recolecta del oro blanco está orquestada desde el mismo gobierno, que consigue con su venta una de sus principales fuentes de ingresos. También empleados del gobierno, como médicos o profesores, son amenazados con perder sus trabajos si no participan en la campaña.
Aproximadamente un millón de personas son reclutadas cada año.
Uzbekistán es uno de los principales exportadores de algodón del mundo, con unas 850.000 toneladas anuales, que acaban en su mayoría en Europa, después de pasar por las fábricas textiles de Bangladesh. Su materia prima es especialmente apreciada porque el sistema de trabajos forzados permite ofrecer precios más baratos que los de sus competidores.
Pero las dantescas condiciones laborales de los campos no son la única tragedia del algodón uzbeco.
El algodón es un cultivo que requiere de grandes cantidades de productos químicos. Aunque a nivel mundial el algodón ocupa solo el 4% de la superficie cultivada, utiliza casi el 9% de los pesticidas agroquímicos, cerca del 20% de los insecticidas y el 8% de los fertilizantes químicos que se consumen en el mundo. Y, además, es un cultivo que necesita ingentes cantidades de agua.
El clima semiárido de Asia central no era, por tanto, el escenario ideal para este cultivo. Pero la región tenía, sin embargo, una de las mayores fuentes de agua del mundo, el entonces llamado Mar de Aral, un lago interno que antes de los años 60 era uno de los cuatro mayores masas de agua dulce del planeta. La Unión Soviética decidió aprovecharla para un ambicioso programa de cultivo de algodón, desviando el agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria para regar sus cultivos, dejando al lago sin sus principales fuentes. Un programa que han heredado y continúan las repúblicas de Uzbekistán y Kazajistán. La consecuencia ha sido que el lago ha perdido el 90 % de su superficie original, que era de 68.000 km2. Para hacernos una idea, equivale a la superficie que se perdería si el mar se retirara 15 km de todas las costas de la Península Ibérica. Imaginemos que España y Portugal decidieran dedicar toda el agua dulce de sus ríos a cultivar algodón para la exportación y que de resultas de esta política no llegara agua a las costas de la península y éstas se retiraran 15 km. ¿Podemos imaginarlo: San Sebastián, La Coruña, Lisboa, la Costa del Sol, Barcelona... a 15 km del mar? ¿Seguiríamos cultivando algodón para la exportación?
Sin embargo, en Uzbequistán y Kazajistán la tragedia del Mar de Aral y de su población no ha hecho cambiar las políticas productoras y exportadoras de algodón. Tan solo Kazajistán construyó en 2005 un dique para al menos preservar una parte del mar, sabiendo que eso significaba condenar irremediablemente al resto.
En los años 60 del pasado siglo se llegaban a pescar 40.000 toneladas al año. Esa cantidad se ha reducido hoy a cero. La industria pesquera no ha sido la única víctima de la desecación del lago. El gran perjudicado ha sido el ecosistema de la zona, ya que han desaparecido la mayoría de las especies de peces y aves existentes. La flora del lugar, que se ha visto severamente afectada.
Con todo esto, el clima de la región se ha visto afectado de forma irrecuperable. Las tormentas de polvo son habituales y lo peor es que no arrastran solo arena, sino también esporas tóxicas de ántrax procedentes de una antigua base secreta de investigación biológica de la Unión Soviética, instalada en una isla del lago, que ahora es un continuo desierto. En la zona, la tasa de mortalidad infantil es del 10%, la bronquitis crónica ha aumentado un 3.000 %, la artritis un 6.000 % y los alrededores del moribundo lago tienen el triste honor de ostentar la mayor tasa de cáncer de esófago del planeta, hasta catorce veces superior a la media del entorno.

Fuentes:
ABC: http://www.abc.es/sociedad/20130910/abci-aral-seco-201309061524.html
Carro de combate: http://www.carrodecombate.com/2013/06/29/uzbekistn-los-pequeos-esclavos-del-algodn/

Para la reflexión, acción y oración

Se dice que los indios iroqueses antes de sus asambleas hacían una invocación donde se comprometían a considerar el impacto de sus decisiones en las siete generaciones siguientes. 
Siempre había un representante que se refería específicamente a las necesidades, la supervivencia y la dignidad de quienes nacerán hasta 150 años después.
Uzbequistán es un ejemplo de un país que está hipotecando su futuro a costa del presente. ¿Què preferirán los uzbecos de las siguientes siete generaciones? El Informe del PNUD de 2011 es lúcido al respecto: Nos preocupamos por la sostenibilidad ambiental debido a la injusticia intrínseca involucrada en que una generación viva a expensa de las demás (p. 16). Valoramos la sostenibilidad porque las generaciones futuras debieran tener al menos las mismas posibilidades que las actuales.(p. 1). Y dado que no podemos saber qué valorará la gente en el futuro, debemos asegurar la misma libertad de elección para todos, en parte protegiendo la disponibilidad y diversidad de los recursos naturales (p. 16). ¿Piensas en los que van a venir detrás de ti a la hora de tomar decisiones? ¿Estarías dispuesto a cambiar algo tu forma de vida -tu ropa de algodón, por ejemplo- para no perjudicar a las generaciones venideras? En concreto, ¿has oído hablar del algodón ecológico? ¿Forma parte de tu vestuario?

Los humildes y los pobres buscan agua, pero no hay nada. La lengua se les secó de sed. Yo, el Señor, les responderé. Yo, el Dios de Israel, no los desampararé. Abriré sobre los calveros arroyos y en medio de las barrancas manantiales. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas. (Is 41, 17-18)

Padre,
ahora sucede lo contrario que en la profecía:
que convertimos los lagos en desiertos...
Y siguen siendo los pobres, tus preferidos,
quienes más sufren
las consecuencias de nuestra inconsciencia.
¡Perdón, Señor, perdón!

Sobre la salud ambiental y el "clima de Reino de Dios"
Vicente Morales
Pueblo de Dios (Huelva)

Con mayor o menor fidelidad he pasado mi existencia queriéndola fundamentar y vivir desde el mensaje de Jesús de Nazareth. Confieso que mientras fui incorporándome al compromiso evangélico, algo que intuía importante –la "salud ambiental" y el impacto que produce– no lo entendía, pero nunca quise entrar en juicio alguno. No obstante y al mismo tiempo, veía la necesidad de hacer un análisis de la realidad en la que la vida me incorporó, al contemplar que me cuestionaba profundamente y era lo que más ocupaba mi mente y mi corazón.
La vida que me fue presentando las circunstancias, los años y los muchos momentos y personas diferentes que Dios me puso en el camino, hizo que me sintiese zarandeado constantemente por lo que contemplaba. Sobre ello, mi interior me incitaba a ejercer lo que para mí suponía mi papel cristiano ante la “salud ambiental” a la que debía responder evangélicamente. Tal y como lo apreciaba, trascendía infinitamente mis conocimientos y mis posibilidades. Más allá de mis escrúpulos, constantemente sentí que era en ello donde debía poner la vida, si realmente creía que mi vocación era la de construir con otros “clima de Reino de Dios”. ¿Cómo hacerlo, cómo realizar humildemente la tarea con madurez y conciencia, caso de no responder desde las claves, signos y tareas que se nos dan en el Libro de la Vida?
Para poder responder con un mínimo de credibilidad y fidelidad, siempre intenté tener como referencia la Palabra de Dios, considerando en ella la semilla reproductora de los frutos de Reino. 
Desde la Palabra, en lo que concierne a lo que se alude como “impacto corrector”, siempre me sentí hondamente cuestionado. Era consciente que ser cristiano implica asumir ser “elemento curativo” de la enfermedad que padece nuestra sociedad, de falta de sabor y brillo de Jesús, de la que nosotros hemos de ser signos, partícipes y testigos. Entender esto, si no es con humildad y sencillez, nos resulta imposible. Mas, de no asumirlo así, ¿qué podremos sanar, si no lo hacemos desde las posibilidades que nos pide y nos ofrece la Palabra de Dios? En la Carta a los Corintios (1Co 4, 1-2) se nos dice que somos "servidores de misterios" –somos “doctores administradores de Salud”–, en los que han de considerarnos operarios de aquello a lo que se nos llama y se nos ofrece para curar las enfermedades que sufre la humanidad y ofrecer así esa necesaria salud ambiental que el mundo hoy necesita.