2014-03-23

40 días con los últimos - TOGO

Visión cristiana del desarrollo de género












TOGO
Población: 6.772.000 h.
IDH: 0,459 (nº 159 de 187)
Índice de Desigualdad de Género: 0,566


PNUD, Jesús, mujeres, ecofeminismo

Comenzamos una semana más en nuestro recorrido cuaresmal junto a los "cuarenta últimos", dedicada a la cuestión de género, algo muy en relación con la desigualdad (1ª semana) y con la pobreza multidimensional (2ª semana), pues las mujeres son mayoría entre los pobres del mundo.
En todos los informes del PNUD se aborda la cuestión de la desigualdad de género, en su óptica de relación entre desarrollo humano, sostenibilidad y equidad.. Según el Informe de 2011, las mujeres manifiestan más preocupación por el medioambiente, apoyan más las políticas favorables a este y votan por líderes que lo defienden. (p. 69). Una conclusión fácilmente comprensible por el sentido común, como señala, entre otros, Santiago Alba Rico al hablar de el paso natural del cuidado de los cuerpos al cuidado del mundo que llamamos política.
En los Evangelios vemos a Jesús frecuentemente rodeado de mujeres: amigas entrañables como María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania; seguidoras fieles como Juana, Susana "y otras muchas" (Lc 8, 3); Mujeres enfermas y prostitutas de aldea que se acercan... De ningún profeta se dice algo parecido. ¿Qué encontraban en él las mujeres? La respuesta que ofrecen los relatos evangélicos es clara. Jesús las mira con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida, defiende su dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así. La gente las veía como fuente de impureza ritual. Rompiendo tabúes y prejuicios, Jesús se acerca a ellas sin temor alguno, las acepta a su mesa y hasta se deja acariciar por una prostituta agradecida.
¿Podríamos decir entonces que el desarrollo integral de las mujeres es también una de las grandes preocupaciones de los cristianos? Sabemos que la historia no siempre lo corrobora. Es más, que durante siglos y aún hoy las mujeres han sido discriminadas en la Iglesia y en las sociedades que se reconocían cristianas. Sin embargo, como afirma Lucía Ramón, "El cristianismo puede aportar un profundo sentido de la justicia y de la dignidad de la mujer y el inmenso caudal de creatividad y energía ética y espiritual que proporciona una experiencia religiosa auténtica. El cristianismo nos recuerda que las raíces de la verdadera libertad están en la libertad interior, en el saberse bendecida, en el amor a una misma que se traduce en la compasión por todo lo viviente. Hay una libertad íntima y radical que nace de la vivencia del Evangelio y que ha alimentado la lucha de muchas cristianas por sus derechos y libertades a lo largo de la historia y lo sigue haciendo hoy." (entrevista para Noticias Obreras, marzo 2011: http://blog.cristianismeijusticia.net/?p=4670&lang=ca)
Una nueva concepción que está siendo configurada por los discursos y las prácticas de muchas mujeres cristianas y de otras religiones. Teologías ecofeministas que ponen el cuidado de los otros y de la Creación en el centro del debate ético. Teologías que promueven la autonomía de las mujeres y recuperan a un Dios que no es varón ni mujer.
Togo no es de los países con mayor Índice de Desigualdad de Género (algo que veremos mañana lunes) pero sí el país con mayor diferencia de género en Educación Secundaria (15,3 % de mujeres frente a 45,1 % de hombres que han terminado este nivel educativo). La pronta incorporación de las niñas y adolescentes a las tareas domésticas, junto con los matrimonios precoces, contribuyen a esta desigualdad.

En nuestra oración, hoy tenemos presentes a todas las mujeres del mundo que sufren algún tipo de discriminación y, especialmente, a las mujeres de Togo.

Lecturas de la eucaristía de hoy:
Ex 17, 3-7: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?
Sal 94: Escucharemos tu voz, Señor.
Rm 5, 1-2. 5-8: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Jn 4, 5-42: Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». (...). En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer.

¡Bendito seas, Señor Jesús, amigo de las mujeres,
por tu cercanía liberadora, tu mirada limpia,
tu empeño por nuestra dignidad de mujeres!
En ti reconocemos el amor de Dios
derramado en nuestros corazones
con el mismo Espíritu Santo que se nos ha dado
a todas y a todos.