2014-03-21

40 días con los últimos - REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Muy, muy pobres en un país muy, muy rico











REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO
Población: 75.823.000 h.
IDH: 0,304 (puesto nº187 de 187)
Población bajo la línea de pobreza nacional: 71,3 %

Población bajo la línea de pobreza nacional

Ayer abordábamos el índice de "población bajo la línea de pobreza", porcentaje de la población de un país que vive con menos de 1,25 dólares al día, en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). Es una cantidad de dinero que, vista desde los países ricos, nos parece irrisoria. Sin embargo, en cada país el concepto de "pobreza" es relativo. Por eso hoy presentamos el índice de Población bajo la línea de pobreza nacional, es decir el porcentaje de la población que vive bajo el umbral considerado como adecuado por las autoridades del país. Y así como ayer veíamos que en Malaui y la R. D. Congo hay un 73,9 y 87,7 % respectivamente de población bajo la línea de ingresos de 1,25 USD diarios, hoy descubrimos que las autoridades de estos países consideran que "solo" están bajo la línea de pobreza nacional el 52,4 y 71,3 % respectivamente. En cualquier caso y midámoslo como lo midamos, estamos ante países donde la gran mayoría de la población es muy, muy pobre.

Población bajo la línea de pobreza nacional
(Datos 2007-2011)
Las minas del rey Leopoldo

«Cuando se huye bajo los ataques, se coge a los niños, pero con las prisas los hay que caen y mueren aplastados o atrapados en el lodo de las marismas. Una madre había huido con sus dos pequeños gemelos; uno cayó y murió aplastado por la gente que huía. Hay que tragarse las lágrimas y seguir corriendo. Y al llegar a un lugar remoto del bosque, nos detenemos.
El bosque es oscuro y frío de día y de noche. Comíamos raíces y algunas raras frutas salvajes. Era imposible encender fuego y, por tanto, cocinar cualquier cosa, porque el humo habría revelado inmediatamente nuestra presencia a nuestros perseguidores; del mismo modo, no podíamos guardar ni gallinas ni gallos, ya que su canto habría indicado nuestra presencia. Salíamos del bosque caminando a gatas para ir a arrancar alguna mandioca en el límite de algunos campos y regresar rápidamente a nuestro refugio. Sabiéndolo, los milicianos nos esperaban en los alrededores de los campos o del río para violarnos.
Cuando el peligro se acercaba, nos adentrábamos aún más en el bosque, donde el enemigo que nos acechaba era el hambre. Para llevar algo al estómago de nuestros hijos, les dábamos la fina arena del río, mezclada con agua, o lodo, que comíamos nosotros también. La cara, el vientre, las piernas se nos comenzaban a inflar. ¡Cuántos de nuestros hijos han muerto en el bosque! Hasta ahora mucha gente sigue pasando la noche en la maleza por miedo a los ataques.»
Ester MwINJA NSIMI, Teresina CAFFI
La guerra vivida por las mujeres (2006)

«Adon Kalenga trabaja siete días a la semana extrayendo minerales del suelo sin guantes. Tiene 13 años y vive en la provincia de Katanga, en la República Democrática del Congo. No tiene hogar y no puede pagar los 6$ al mes que cuesta ir a la escuela... A veces duerme en la calle, otras en un orfelinato. La mayoría del tiempo trabaja, ganando 3$ al día. Es una de las 67.000 personas en Katanga que se gana la vida extrayendo piedras que contienen dos minerales preciados en todo el mundo: cobre y cobalto. El cobre, rojo-marrón, se usa para hacer cables eléctricos necesarios para iluminar las ciudades de nuestro mundo. El cobalto, metal gris plateado, se usa para hacer motores de avión, tinta y pilas de teléfono móvil.
Katanga [...] contiene el 4% del cobre mundial y un tercio de las reservas de cobalto. Los minerales que Adon y niños como él extraen de la tierra roja y dura se encaminan a hornos de fundición en las afueras de ciudades empobrecidas cercanas a las minas. La mayoría de estos hornos oxidados y alimentados a mano son propiedad de empresas basadas en un país lejano, un país que fue fundado en una ideología que exalta los derechos de los trabajadores: la República Popular China. La espinilla izquierda de Adon tiene una cicatriz de una caída sufrida durante un corrimiento de tierras de hace tres años, en que murieron algunos trabajadores, incluidos cuatro de sus jóvenes amigos.
[...] En realidad, Adon y sus compañeros y compañeras practican una forma caótica de capitalismo, con muy poca supervisión de la empresa o del Estado. Los artesanos mineros no son empleados; son trabajadores por cuenta propia que venden a intermediarios lo que han extraído y limpiado.»
S. CLARK, M. SMITH, F. wILD
China Lets Child Workers Die digging in Congo Mines for Copper
23 de julio de 2008

¿Qué tiene en común estos dos relatos? Que se sitúan en zonas ricas en minerales de la República Democrática del Congo (RDC) y que sus protagonistas son gente pobre relacionada con la actividad minera de la región...

(Así comienza el cuaderno nº 184 de Cristianisme i Justícia, de junio de 2013 , Las minas del rey Leopoldo, cuyo contenido puede leerse en la web.)
http://www.cristianismeijusticia.net/es/las-minas-del-rey-leopoldo

Para la reflexión, acción y oración

La República Democrática del Congo es, probablemente, el país africano más rico en recursos naturales. Y, sin embargo, ocupa -junto con Níger- el último puesto en la lista del Índice de Desarrollo Humano. ¿Cómo es posible? Precisamente porque esa riqueza material -petróleo y minerales, sobre todo- es ocasión de rapiñas violentas desde hace décadas, favorecidas por un Gobierno débil y por la complicidad de las naciones ricas y sus empresas multinacionales, que se aprovechan para beneficiarse de estos recursos a bajo coste económico para ellas. Pero el coste para la población es infinitamente más alto: más de cinco millones de muertos, muchos más de desplazados, incontables violaciones de mujeres y un sufrimiento humano imposible de cuantificar.

Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 59).

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza y glorioso es tu nombre.
Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre.
En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni ofrendas, ni incienso;
Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde,
porque los que en ti confían no quedan defraudados.
(Dn 3, 26.34.38-40)

(Este fragmento de la Palabra de Dios es el que se propone hoy para la oración, rezando en nombre de todos los habitantes de la R.D.Congo)

Carta de orilla a orilla
Martín Valmaseda
Religioso marianista. Guatemala.

Amigos congoleses: me dirijo a vosotros desde la otra orilla. No desde la orilla del río Congo, sino desde las playas de Guatemala, bañada por el Atlántico frente a la playas del mismo océano, al este, donde vosotros os asomáis tímidamente por la aguja de Pointe Noire.
A guatemaltecos y congoleses nos separa, o nos une, un ancho océano, más de 5.000 km, pero no nos separa, sino que nos une realmente un sufrimiento semejante, una pobreza igual, el mismo hambre y las mismas injusticias.
Vosotros y nosotros somos un país rico en nuestro suelo y subsuelo. Los bosques, campos y las minas nos podrían proporcionar riqueza, pero tanto en vuestra tierra como en la nuestra unas garras sin misericordia nos la arrebatan. Siendo unos países tan ricos... Pero los ricos en realidad son un grupo pequeño de personas, mientras la gran masa de la población aguanta la pobreza y la miseria.
Porque esa riqueza en gran parte no se queda en nuestros países. Vosotros sufrís los arañazos en las minas de coltán que vuela a los teléfonos de todo el mundo. Nosotros luchamos contra las empresas canadienses y norteamericanas que nos están invadiendo para arrancarnos el oro y el níquel de nuestro subsuelo.
Vuestros niños y los nuestros sufren el hambre y la desnutrición. La plaga del machismo deja a nuestras y a vuestras mujeres sometidas a la violencia y al trabajo esclavizado. En vuestra tierra y en la nuestra se ven campesinas cargadas con leña o con el cántaro en la cabeza recorriendo hasta kilómetros para llevar a casa ese tesoro llamado agua; mientras a la gente de las ciudades les basta con dar una vuelta a la llave en su cocina....
Lo más terrible que vosotros y nosotros hemos soportado ha sido la guerra, por disputarse la tierra y el poder. Dicen que 5 millones murieron en vuestra tierra en los años de conflicto que no terminan del todo, mientras en nuestro país con 5 veces menos habitantes, hemos sufrido 250.000 muertos, cerca de 45.000 desaparecidos, aparte de los miles de desplazados que tanto en vuestra nación como en la nuestra han debido abandonar sus casas, cargando o arrastrando sus enseres y sus niños.
También víctimas de la guerra dejaron sus vidas en el Congo y en Guatemala, misioneros, sacerdotes, hermanos y hermanas, algunos venidos de los países del norte. Fueron víctimas de la violencia y la incultura de los violentos. Pero los creyentes en Jesús siguen trabajando en el Congo, en Guatemala, como en otros países, para cerrar las brechas entre hambre y derroche, incultura y educación, dominio y marginación.
Aunque esto les trae sin cuidado a los ricos, a los dominantes tanto del interior de nuestra tierra como a los políticos y empresarios de Estados unidos, Canadá, en nuestro lado y Francia, Bélgica... en vuestra orilla.
A veces los dueños del norte, del vuestro y del nuestro, ponen gesto moralizador y bajan con sus aviones a poner orden y paz(eso dicen)... y a facilitar la salida para llevarse los productos mineros y agrícolas de nuestras tierras (eso hacen).
Muchas escuelas se mantienen, cuando existen, con viejas tablas, sentados los niños en bloques de cemento, sin apenas libros ni útiles escolares... Y los hospitales adolecen de los medios más elementales. Tengo noticias de médicos que se negaban a operar porque para eso no tenían batas que ponerse.
Les estoy hablando de orilla a orilla; pero siento que entre ustedes y nosotros existe un puente que nos une. Ese puente está hecho de miseria y desigualdad, no de pobreza sino de riqueza mal repartida. Está reforzado por armamento militar, por intereses de bancos europeos y americanos, por esa red que nos “enreda” por todas partes llamada globalización, la que iguala a los ricos en su riqueza y a los pobres en su carencia.
A través de ese puente les mando, amigos congoleses, un abrazo solidario y les pido que juntos luchemos con armas pacíficas de la política, la cultura, los medios alternativos de comunicación (los otros ya los tienen ellos) para construir otros puentes de justicia, alimentación, salud, educación...
Que, de orilla a orilla, los países pobres de todos los océanos podamos compartir la mesa y la paz con el pan de cada día.