2014-03-20

40 días con los últimos - MALAUI

Cuando la mayoría sobrevive con 1 dólar al día














MALAUI
Población: 15.316.000 h.
IDH: 0,418 (puesto nº170 de 187)
Población bajo la línea de pobreza (menos de 1,25 USD al día): 73,9 %

Población bajo la línea de pobreza: US$1,25 al día en PPA

El PNUD considera "población bajo la línea de pobreza" el porcentaje de la población de un país que vive con menos de 1,25 dólares al día, en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). Es un concepto equivalente al de "pobreza extrema" del Banco Mundial.
Aunque el concepto de "pobreza" es relativo, independientemente del país y del contexto 1,25 dólares al día es una cantidad insignificante para poder satisfacer las necesidades básicas de una persona. Estamos hablando de los que son muy, muy pobres. ¡Y cuántos son! De los países de los que se tienen datos, tres cuentan con más de un 80 % de población "muy, muy pobre": la R. D. Congo, Liberia y Madagascar. Les sigue Malaui con un 73,9 %.
África subsahariana sigue siendo la región del mundo con mayor porcentaje de personas bajo esta línea de pobreza, cuyo número absoluto apenas ha descendido. Por el contrario, los datos de Asia, sobre todo debido al ascenso de China e India, son mejores. Con todo, Aún queda mucho por hacer.

Población bajo la línea de pobreza
Las mujeres son las más afectadas por la escasez de maíz en Malaui
http://periodismohumano.com/mujer/las-mujeres-son-las-mas-afectadas-por-la-escasez-de-maiz-en-Malawi.html

Esnart Phiri, viuda y con cinco hijos, durmió varios días seguidos afuera del mercado estatal de venta de maíz de la capital de Malaui, llamado Admarc, para poder conseguir el preciado alimento. “El mercado se volvió mi hogar temporal porque no tengo energía para ir y venir caminando todos los días. Prefiero dormir aquí y esperar por el maíz”, explicó.
Phiri vive en Chinsapo, a 40 kilómetros de Lilongwe. Las filas nunca se terminan en los Admarcs porque miles de personas se ven forzadas a esperar durante días por este producto primordial en la dieta de este país de más de 14 millones de habitantes.
Malaui sufre una escasez de maíz debido a dos periodos seguidos de sequía. Este alimento representa 90 por ciento de la ingesta calórica en este país, seguido de la mandioca, boniato (batata) y sorgo. 
Unas dos millones de personas carecen de alimentos suficientes este año debido a la prolongada sequía y al alza de los precios de los alimentos, lo que aumentó los precios al consumidor en 36,6 por ciento, según datos de marzo.
Hace unas semanas, Jamesi, que tiene otros tres hijos, se desmayó mientras hacía la fila. “Me sentí débil y cansada. Me vinieron unos fuertes temblores mientras hacía la cola y no sé qué pasó después”, relató a IPS en una habitación de la hacinada ala de mujeres del Hospital Central de Kamuzu.
La situación de Jamezi no es única. Alrededor de cinco de cada 10 consultados por IPS en Chinsapo dijeron que sus hijos habían pasado hambre en los últimos meses. Pero esto no se debe solo a la escasez de maíz, sino que cuando hay, tampoco pueden pagar su elevado precio.
Un saco de maíz de 50 kilogramos costaba unos 13 dólares, pero ahora aumentó a más del doble, muy por encima de los ingresos de las personas pobres, que viven con menos de 20 dólares al mes, y no pueden pagar los 30 dólares que cuesta cada uno.
En este país, donde las mujeres constituyen 70 por ciento de la mano de obra agrícola y son el sostén de la familia, las mujeres, los niños y las niñas cargan con la peor parte del alza del precio de los alimentos.
La situación alimentaria se hizo más crítica en los últimos dos meses, después de que unas 30.000 toneladas de maíz de las reservas estratégicas se pudrieran.
Según el secretario principal del Ministerio de Agricultura y Seguridad Alimentaria, Jeffrey Luhanga, el maíz perdido era suficiente para alimentar a casi 400.000 de las dos millones de personas que necesitan asistencia alimentaria.
“Ahora tuvimos que importar 50.000 toneladas de Zambia para cubrir la falta”, dijo Luhanga a IPS. Esta es la primera vez en seis años que Malaui se ve obligado a importar maíz de su vecino.
Entre 2006 y 2011, Malaui logró una cosecha abundante de maíz gracias a un exitoso programa de subsidio de fertilizantes. Pero la extensa sequía y la corrupción en la red de distribución y suministro de fertilizantes del programa de subsidio redujeron la abundancia de cosechas y afectaron la producción.

Pie de foto: Personas haciendo fila en dependencias estatales de venta de maíz, algunas de ellas desde hace varios días. (Mabvuto Banda/IPS)

Para la reflexión, acción y oración

En Malaui el 73,9 % de la población vive -malvive, sobrevive- con menos de 1,25 dólares al día. Un país en el que un saco de maíz de 50 kilogramos costaba unos 13 dólares, pero ahora aumentó a más del doble, muy por encima de los ingresos de las personas pobres, que viven con menos de 20 dólares al mes, y no pueden pagar los 30 dólares que cuesta cada uno.
No se trata solo del poco dinero de que disponen los pobres en Malaui y otros países vecinos, sino también de las circunstancias que hacen que el precio de los alimentos básicos suban más del doble en poco tiempo. ¿Por qué es eso? Parte por causas naturales (las sequías prolongadas ¿debidas al cambio climático?) y parte por causas humanas: la corrupción. el acaparamiento de tierras fértiles por parte de grandes empresas para dedicarlas a cultivos de exportación y la especulación con los alimentos.

¿Me siento responsable de este drama? ¿Me reconozco parte de esta trama?

Escuchad esto los que pisoteáis al pobre y queréis suprimir a los humildes de la tierra, diciendo: «¿Cuándo pasará el novilunio para poder vender el grano, y el sábado para dar salida al trigo, para achicar la medida y aumentar el peso, falsificando balanzas de fraude, para comprar por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?» (Am 8, 4-6)

Padre,
perdona nuestra indiferencia y complicidad
con la miseria de nuestros hermanos.
Y a los que se enriquecen a costa
de los alimentos de los pobres
sabiendo perfectamente lo que hacen,
¿tú también les perdonas?

La importancia de poder vender
Raúl González Fabre SJ
Universidad Pontificia de Comillas

Cuando se habla de pobreza extrema, nuestra primera reacción, si somos personas sensibles, consiste en dar algo de lo superfluo nuestro para que otros tengan lo necesario. El refrán nos enseña a ir un poco más allá y no solo dar el pez sino también enseñar a pescar. En ambos casos, sin embargo, no nos preguntamos cómo hicimos nosotros para salir de la pobreza extrema, que era la condición habitual de la mayoría de los españoles del campo hace unas décadas.
Si partiéramos de nuestros propios aprendizajes, quizás notaríamos que en los países donde casi no queda nada del fantasma del hambre, ello no sucede porque el grueso de la población produce lo que necesita para comer. Más bien es al revés: pocas familias campesinas producen mucho más de lo que ellos necesitan, incluso mucho más de lo que todo el país necesita para comer. Es una agricultura muy capitalizada, con las máquinas, los tratamientos y la información necesarias para producir el máximo.
¿Cómo llegó allí ese capital? No fue el resultado del ahorro de los campesinos. Llegó por los procedimientos habituales del capitalismo, porque había un buen negocio a la vista. Y había un buen negocio a la vista porque lo que se produjera allí se podía vender. Si se deja al poder económico o político desmandarse, la propiedad puede cambiar de manos concentrándose. Pero esto no ha ocurrido mi mucho menos en todas partes. Lo que sí ha funcionado regularmente es la cadena: poder vender el producto del campo – capitalizar la producción agraria – acabar con el hambre.
Por eso, es bueno que compartamos lo nuestro con quien pasa hambre, sobre todo en las emergencias. Es también bueno que aumentemos la capitalización de los países campesinos pobres ayudando a la enseñanza y otras inversiones de largo plazo en las personas de allí. Pero también resulta necesario que actuemos en nuestros propios países para que puedan vender aquí lo que ellos producen. El mayor obstáculo para la capitalización de los países pobres, la cual podría sacarles de la pobreza en un plazo no muy largo, es precisamente el proteccionismo de los países ricos. Si actuamos políticamente para abrir nuestros mercados a los productos de los pobres de África, probablemente en pocas décadas dejará de haber pobres en África.