2014-03-06

40 días con los últimos - LESOTO: Los que menos viven

Los que menos viven
LESOTO
Población: 1.887.000 h.
IDH: 0,461 (puesto nº158 de 187)
Esperanza de vida: 48,1 años




Esperanza de vida al nacer

El valor de la “esperanza de vida al nacer” mide los años que un recién nacido puede esperar vivir si los patrones de mortalidad por edades imperantes en el momento de su nacimiento siguieran siendo los mismos a lo largo de toda su vida. Se suele referir únicamente a las personas que tienen una muerte no violenta.
Además de entre las naciones, hay desigualdad en la esperanza de vida entre los sexos (mujeres y hombres) y entre las clases sociales (pobres, media y ricos). Por ejemplo, según la Organización Mundial de la Salud, un recién nacido en el suburbio de Glasgow de Calton puede esperar vivir un promedio de 54 años, mientras que los nacidos en el rico barrio cercano de Lenzie pueden esperar vivir 82 años. ¡28 años de diferencia entre dos barrios de la misma ciudad! Es el llamado “efecto Glasgow”.
Aunque el índice de esperanza de vida al nacer es un indicador habitual para medir la salud de las poblaciones, hay quien prefiere referirse al índice de “esperanza de vida saludable” (Healthy Life Years indicator ). Se trata de un indicador de la Unión Europea que intenta medir la salud de la población, combinando datos de mortalidad y morbilidad. El índice mide el número de años que se espera que una persona viva sin enfermedad ni discapacidad. De alguna manera pretende medir la “esperanza de vida con calidad de vida”.
Según el Informe del PNUD de 2013, los países con menor esperanza de vida son Sierra Leona, Guinea Bissau, R. D. del Congo y Lesoto, cuyo valor está entre 48,1 y 48,7 años, valores que son superiores a los de hace apenas unos años (estos datos contrastan con los de otras fuentes, como la Wikipedia , que toma como fuente la CIA World Factbook).

Información del PNUD sobre la Esperanza de vida al nacer
Artículo “Más allá del efecto Glasgow” (en inglés):

  

Testimonio: Médicos Sin Fronteras, una esperanza de vida para muchos


La esperanza de vida de las lesotenses es inferior a los 47 años [39,5 años según wikipedia]. Una de cada 32 muere por problemas durante el embarazo o el parto. Las epidemias de VIH y tuberculosis (TB) han agravado esta situación. Casi un 60% de las muertes maternas están asociadas al VIH.

Seis centros de salud ya están equipados para realizar el recuento de linfocitos CD4, con el que se puede determinar con más precisión la evolución del VIH y qué tratamiento requiere cada paciente. El tratamiento antirretroviral (ARV) se puede empezar antes y, de ese modo, reducir el riesgo de que el paciente desarrolle enfermedades asociadas al VIH. En 2011 MSF inscribió a 8.025 pacientes en los proyectos de VIH y más de 5.300 empezaron el tratamiento ARV. Entre julio y diciembre, más de 8.220 personas se hicieron la prueba del VIH.

Al acercar los servicios a los pacientes, esperamos animar a más personas a que busquen atención médica cuando la necesiten. El acceso a los centros de salud no es fácil en un país tan montañoso como este. Resulta especialmente problemático para la población de las zonas remotas. Muchos tienen que caminar hasta doce horas hasta el centro de salud más próximo.
Imagínate que estás embarazada de nueve meses, a punto de dar a luz. Sientes que empiezan las contracciones. Estas feliz y llena de miedo al mismo tiempo, pero sobre todo tienes fuertes dolores y rezas para que todo vaya bien. Ahora imagínate que vas a tardar dos, tres, cuatro o incluso más horas en llegar al centro de salud más cercano donde poder dar a luz con ayuda profesional. Imagínate un terreno montañoso, y tener que hacer casi todo el camino a pie.
Lo que parece una de las peores pesadillas que uno pueda tener es una realidad para muchas mujeres de Lesoto. Mantebaleng Ntelekoa, una joven madre de una zona rural en las montañas del país, recuerda: “Para los tres partos que he tenido, tuve que caminar dos horas hasta la carretera principal y después seguir en minibús hasta el hospital. Generalmente empecé a caminar nada más sentir las primeras contracciones y tardé mucho tiempo, porque tenía que sentarme cada vez que me venía una contracción. Uno de mis hijos fue sietemesino, así que estoy contenta de haber podido llegar a tiempo.”
El equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Lesoto está apoyando instalaciones de salud rurales para asegurar que más mujeres de zonas remotas tienen acceso a controles prenatales y a partos seguros. Un médico, una comadrona y varias enfermeras prestan apoyo a instalaciones sanitarias en diez lugares diferentes de los distritos de Roma y Semonkong. En la clínica de St.Leonard en Semonkong, hay una pequeña maternidad y una casa de espera para madres, que permite a las madres embarazadas venir aquí cuando se acerca la fecha de dar a luz. Las nuevas madres pueden si quieren quedarse después de dar a luz hasta que se sienten preparadas para regresar a casa con su bebé recién nacido.
Además del apoyo específico a los servicios de maternidad, un equipo de promotores MSF se desplaza a las comunidades regularmente para hacer pruebas de VIH y TB y mejorar la educación para la salud en zonas remotas. En lugares con altas tasas de VIH y TB, el primer paso es crucial para que las personas entiendan cómo detectar las enfermedades, hacerse las pruebas oportunas y poder empezar el tratamiento necesario lo antes posible. Para llegar a cuantas más personas posible e implicar directamente a las personas que viven en estas zonas, MSF forma a personas de a pie en las comunidades o “promotores de salud comunitarios” para que puedan hacer las pruebas del VIH y sepan cuándo referir a los miembros de la comunidad a las instalaciones sanitarias.

Enlaces:

Para la reflexión, acción y oración
Intentar medir la “esperanza de vida con calidad de vida” es un objetivo loable. Sabemos que estamos llamados no solo a vivir sino a vivir en plenitud. Por eso, a lo largo de esta cuaresma iremos conociendo maneras de medir dimensiones de la vida que tienen que ver con la vida plena: salud, cultura, trabajo, igualdad, dignidad… Todo es importante y todo contribuye a que tengamos vida y vida en plenitud. Por eso todos los esfuerzos encaminados a promover la calidad de vida de las personas son valiosos, por pequeños que sean.

¿Reconozco que estoy llamado a una vida plena? ¿Considero que vivo una vida en plenitud? ¿Contribuyo a que otros puedan vivirla?
«Yo he venido para que tengan vida y vida en plenitud» (Jn 10, 10)

Señor Jesús,
enséñanos a ser generosos,
a servirte como Tú mereces,
a dar sin medida,
a combatir si temor a las heridas,
a trabajar sin descanso,
y a no buscar otra recompensa
que la de saber que hacemos tu santa voluntad.
(Oración scout)

Comentario
José Luis Saborido SJ
Área de Justicia y Solidaridad de CONFER

Hay un texto de Saint-Éxupéry, el autor de El principito, que siempre me emociona. Es un pasaje de Tierra de hombres, al final de todo. Saint-Éxupéry va en un tren, lleno de inmigrantes polacos que vuelven a su tierra, amontonados en el vagón, sudorosos y cansados. Saint-Éxupéry se fija en una pareja y un niño pequeño acurrucado entre ellos, durmiendo. Vuelve la cara en sueños, y Saint-Éxupéry le mira. ¡Una promesa de la vida! ¿Qué podría llegar a ser? «Cuando, en un jardín, -escribe- nace por mutación una rosa nueva, todos los jardineros se emocionan. Aíslan la rosa, la cuidan, la atienden…» Y concluye: «pero los hombres no tienen jardineros. Mozart quedará marcado, como los demás, por la máquina de embutir… Y no es la caridad lo que me atormenta. No se trata de enternecerse ante una llaga eternamente abierta. Los que la padecen no la sienten. Lo que está herido, maltrecho, es algo así como la especie humana, no el individuo… Lo que me atormenta… es un poco, en cada uno de estos hombres, Mozart asesinado…» Y concluye, al final del libro: «Sólo el Espíritu, si sopla sobre el barro, puede crear al Hombre».
Toda vida es un regalo para la humanidad. Toda vida, por pequeña y no crecida que sea, es una promesa de futuro. Si se la daña, si se la mata, si no se la deja crecer, es toda la humanidad que queda marchita. Esto no lo dicen las estadísticas, lo dicen los rostros concretos de las personas, de los niños, las mujeres y los hombres que quieren vivir.
La “máquina de embutir” es hoy el mercado y el sistema. La sociedad mundial es hoy un “mercado de seres humanos” en el que sólo cuenta la productividad, la competencia y el beneficio de los pocos. Y el lucro. Abajo quedan los despojos, que son la mayoría. Las estadísticas ganan, pero quienes sufren y mueren son las personas, los “Mozart asesinados” que sólo cumplirán unos pocos años de vida.
Sólo el Espíritu que sopla sobre el barro puede crear al Hombre –dice Saint-Éxupéry–. Son palabras de la Escritura. Porque sí que hay jardinero. Todos somos jardineros de la vida, hijos del Jardinero mayor. Todos somos responsables de la rosa, de cada una de las rosas del planeta tierra, responsables de la vida. Para que todos vivan, puedan crecer y desarrollarse. Porque no es cuestión sólo de un individuo, sino de la especie, del jardín entero, del que nosotros somos jardineros.