2014-03-17

40 días con los últimos - ETIOPÍA

Los que son pobres en todo a la vez





ETIOPÍA
Población: 86.614.000 h.
IDH: 0,396 (puesto nº173 de 187)
Indice de Pobreza Multidimensional: 0,564
Índice de Pobreza Multidimensional (IPM)

El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) pone de manifiesto que la pobreza no se puede reducir solo a su aspecto económico, sino que tiene muchos más elementos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de definirla. Por eso, este índice se centra en las carestías que una persona pobre tiene que enfrentar simultáneamente con respecto a la educación, la salud o el nivel de vida. De esta forma se puede saber no solo quién es pobre sino también cómo y por qué es pobre, lo que puede ayudar mejor a las políticas de erradicación de la pobreza.
Además de identificar a las personas más pobres, el IPM puede mostrar qué carestías son más comunes en un área determinada o entre distintos grupos para que se puedan asignar recursos de forma eficiente y para que se puedan diseñar planes especiales para ellos. Y, también, puede ayudar a medir de forma rápida el resultado de las distintas intervenciones.
El IPM utiliza diez parámetros divididos en tres bloques: educación (años de escolarización, niños escolarizados), salud (mortalidad infantil, nutrición) y calidad de vida (si el hogar tiene electricidad, si tiene un baño, si el hogar tiene acceso a agua potable, si el piso del hogar es de tierra, si se cocina con leña, carbón o estiércol, bienes familiares).
En los últimos años, estamos oyendo hablar mucho del fuerte crecimiento económico de África. Un claro ejemplo de todo esto es Etiopía, donde todas las cifras muestran que tiene una de las economías que más crecen en el mundo. Sin embargo, este índice dice que Etiopía tiene el segundo porcentaje más alto del mundo de personas que son IPM pobres, solo por detrás de Níger. Este dato hace que se pongan en duda las cifras ofrecidas por el gobierno de Addis Abeba, al igual que las proporcionadas por algunas instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Y de repente Ambia se puso mejor
Extracto del artículo de Michele Trainiti (Médicos Sin Fronteras, Etiopía) que puede leerse completo en: http://blogs.20minutos.es/blog-solidario-cooperantes/2012/05/31/y-de-repente-ambia-se-puso-mejor/

He pasado casi ocho meses en Etiopía, concretamente en Hiloweyn y sus alrededores, trabajando para Médicos Sin Fronteras (MSF) en la respuesta a la crisis de los refugiados somalíes. Cuando pienso en el campo de refugiados de Hiloweyn, pienso en Ambia. Fue uno de nuestros primeros pacientes, una pequeña de 9 años y 10 kilos de peso, enferma de tuberculosis y sin nadie en la vida aparte de un tío suyo. Todo el resto de su familia había muerto durante la crisis nutricional o en la guerra. Ambia ha sido uno de los símbolos de nuestro centro de salud.
Por aquel entonces, entre finales del verano y otoño de 2011, el hospital estaba abarrotado de pacientes: solíamos tener entre 40 y 50 niños hospitalizados con desnutrición severa, de los cuales por lo menos 8 estaban ingresados en cuidados intensivos. El personal tenía que hacer guardias agotadoras para poder atender a todos los pacientes las 24 horas del día.
Fuera del centro de salud, una multitud inacabable esperaba a ser admitida también en nuestro programa nutricional. Cientos de mujeres con niños desnutridos. Dentro del centro, los médicos y enfermeras corrían de una tienda a otra, de un paciente a otro, durante todo el día, con solo unos pocos minutos de descanso para comer y cenar.
Ambia, como os digo, tenía 9 años y pesaba 10 kilos. Ojos abiertos al mundo de par en par, muñecas tan pequeñas como las de una niña de 4 años, muy testaruda, muy débil, siempre a la defensiva. Siempre enferma. No importaba lo ocupados que estuviesen los sanitarios, siempre sacaban unos minutos extra para ella. Y ella sonreía, pero no mejoraba. Conseguía ganar peso, pero al cabo de unos días volvía a perderlo rápidamente. Su diagrama de peso era una línea irremediablemente descendente.
Pensando en aquel tiempo, siento que de alguna forma ella era el paradigma de toda aquella crisis: un lugar complicado donde, a pesar de los inmensos esfuerzos, no vislumbrábamos signo alguno de mejora, donde cada mañana contábamos las camas que se habían quedado vacías por la noche, donde, perdida toda esperanza, las madres querían llevarse a casa a sus bebés moribundos...
Y entonces un buen día, de repente, Ambia se puso mejor. Nos limitamos a cambiar su dieta, ya que de todas formas no estaba respondiendo ya a los alimentos terapéuticos. El tratamiento contra la tuberculosis también empezó a tener sus primeros efectos positivos. Siempre recordaré a su tío llorando quedamente al darle las gracias al médico por salvarle la vida a la pequeña.
La semana pasada [mayo 2012], después de siete meses, volví a ver a Ambia. Y apenas pude reconocerla. Iba vestida con un traje somalí tradicional, el pelo cubierto y un velo enmarcándole el rostro, los mofletes y la cara resplandecientes… tuve que buscar ese pestañeo de obstinación en sus ojos para encontrar en ella a la Ambia que yo conocía. Ambia me miró y pude percatarme de que su sonrisa se agrandaba. Quiero pensar que me había reconocido.

Enlaces:
Índice de Pobreza Multidimensional (wikipedia)
http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_pobreza_multidimensional
Artículo Los 10 países más pobres del mundo están en África, por Chema Caballero:
http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2013/09/los-10-paises-mas-pobres-del-mundo.html?
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Para la reflexión, acción y oración

El desarrollo humano pone a las personas más desfavorecidas en el centro de su atención (Informe PNUD 2011, p.2). Preciosa declaración de principios que nos llega de la mano del PNUD. ¡Nosotros también! Los cristianos también afirmamos con rotundidad que el Evangelio pone a las personas más desfavorecidas en el centro de su atención. Desde hace dos mil años, nuestra preocupación se dirige primordialmente a los más desfavorecidos. Así lo hemos aprendido de Jesús. ¡Ay de vosotros los ricos, los que ahora estáis satisfechos! Bienaventurados los pobres, los que ahora tenéis hambre, los que lloráis (Cf. Lc 6, 20-26). Así lo han vivido y viven tantos y tantos cristianos a lo largo de los tiempos. Así lo reflejan, al menos en los papeles, muchos e importantes documentos del Magisterio.

¿Es así en mi caso? ¿Pongo a las personas más desfavorecidas en el centro de mi atención, de mi corazón?

«Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Y dichoso el que no se siente escandalizado por mí» (Mt 11, 4-6)

Señor Jesús,
tú que te compadecías de las personas sufrientes
y que pasaste por el mundo haciendo el bien a todos,
sobre todo a los más necesitados,
ayúdanos a mirar como tú,
a conmovernos como tú,
a actuar como tú.

¡Y un cuerno!
Daniel Izuzquiza, SJ

Al reflexionar sobre el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) me ha venido a la mente la imagen de un poliedro, concretamente un decaedro irregular en el que cada uno de los lados expresa uno de los parámetros del IPM. Puede ser que, en un determinado país, los años de escolarización sean muy bajos pero la nutrición sea más alta; mientras que en otro sitio los valores de acceso al agua potable o el grado de suelos de tierra en el hogar pueden ser igualmente bajos.
Mirando el IPM de países como Etiopía podemos entender que el nombre de “cuerno de África” no se refiere sin más a un accidente geográfico, sino que el poliedro del IPM tiene ahí un pico o un cuerno que sobresale. En Etiopía, el 90% de la población es pobre según este indicador. Tremendo dato que, como un cuerno, se nos clava en la mente y en el corazón.
Pero este cuerno poliédrico del IPM me sugiere aún otras reflexiones. Primero, el cuerno como llamada y como interpelación. En el antiguo Israel se empleaba el cuerno para llamar al pueblo, para convocarlo ante eventos importantes (por ejemplo, Ex 19, 16; Jr 4, 5; Ez 3, 3). ¿Me siento convocado a esta lucha para reducir la pobreza? ¿O quedo anclado en la indiferencia que me anestesia y me paraliza? En segundo lugar, el cuerno lleno de aceite se utilizaba también para ungir a reyes o profetas (1S 16, 13): ¿me siento yo ungido y enviado para comprometerme en esta tarea profética de aliviar la pobreza y promover la justicia global? En tercer lugar, los cuernos aparecen también como símbolo del poder opresor de los imperios (cf. Ap 13, 1). ¿Veo en este cuerno una expresión de la globalización excluyente que genera muerte, pobreza y exclusión?
En definitiva, puedo sentirme interpelado por el cuerno de África y por el cuerno poliédrico del IPM que se me clava en el corazón y me impulsa al compromiso… o puedo cerrar los ojos a la realidad y decir, sin más, que me importa un cuerno.