2014-03-26

40 días con los últimos - CHAD - El riesgo de ser madre en Chad

El riesgo de ser madre en Chad










CHAD
Población: 12.948.000 h.
IDH: 0,340 (puesto nº184 de 187)
Partos atendidos por personal sanitario especializado: 14 %
Muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos: 1.100

Partos atendidos y muertes maternas

En la mayoría de los países con IDH alto el porcentaje de partos atendidos por personal sanitario especializado supera el 90 %. Y en casi todos los países con IDH muy alto es del 100 %. En el otro extremo, en algunos países son muy pocas las mujeres que dan a luz convenientemente atendidas.
Uno de estos países es Chad, que tiene además el dudoso honor de ser el territorio con mayor índice de muertes maternas (1.100 muertes de parturientas por cada 100.000 nacidos vivos). En España, la cifra es de 6 muertes maternas, 180 veces menos.

 
Diario de un pediatra mallorquín en Chad
Jorge Muñoz, Bebedjia (Chad), 12/06/2012
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/12/baleares/1339482744.html

Hace muchísimo calor y no hemos dormido bien. Son demasiadas cosas las que suceden a lo largo del día. A veces es como si estuviéramos dentro de una película. Al llegar la noche el cerebro te pide desconexión, pero ayer no fue del todo posible.
Teníamos cinco tétanos neonatales ingresados hace dos días. Ahora solo nos quedan tres. Y no precisamente porque hayamos dado el alta a los otros dos.
Nos llaman sobre las 23.00 horas porque uno de los bebés tiene apneas (paradas respiratorias). Al llegar, el calor de esa habitación es insufrible. Es enfermero está empapado en sudor y ya ha empezado la reanimación. Sobre nosotros empiezan a caer decenas de insectos de la lámpara que apenas ilumina la escena. Estas apneas son debidas a las intensas contracciones musculares que sufren estos bebés a pesar del tratamiento.
Hay que recordar que el pronostico de estos pacientes en una UCI neonatal como toca es nefasto en la mayoría de casos. Así que imaginaos aquí, donde no disponemos de ventilación mecánica asistida, ni de monitores ni del personal requerido. Os puedo asegurar que lo intentamos todo, pero aun así perdimos la batalla.
Después de entregar el cuerpecito del bebé a sus padres, escuchamos la voz de sor Elisabeth desde el paritorio. Os recuerdo que ella es la única médico disponible aquí cuando no hay cooperantes.
Nos asomamos y no damos crédito a lo que sucede.
Sor Elisabeth está dándolo todo para sacar el bebé de una madre primeriza que ya está sin fuerzas para empujar. La monja tira con todas sus energías de la cadena del fórceps. Sí, he dicho cadena. Mientras sor Elisabeth estira y estira, un enfermero se sube sobre la camilla, con la cabeza de la paciente entre sus pies descalzos, y empujando con todo su cuerpo sobre la parte baja del tórax. Está realizando una maniobra llamada Cristalier. Una técnica peligrosa, con alto índice de fracturas de costilla, bazo o útero.
Con la Cristelier se consigue que salga la cabeza del pequeño, que viene con una vuelta del cordón umbilical. Después de cortarlo, sor Elisabeth hace un último esfuerzo y con voz temblorosa grita "¡ya esta aquí, parece que esta vivo!" . En ese momento la doctora Reina Lladó y yo ya nos hemos puesto los guantes y nos acomodamos en el espacio que queda entre las piernas de la parturienta y otra chadiana que acaba de parir y ahora está expulsando la placenta a escasos centímetros de nosotros.
Colocamos al recién nacido en la mesa de metal donde van los instrumentos, le inyectamos directamente adrenalina y bicarbonato en la vena del cordón umbilical mientras nos traen el ambú para insuflarle aire. El olor a sangre, el calor y la humedad quedara en mi recuerdo para siempre. Como también lo hará el coraje de esta mujer movida por el amor a Dios.
Hoy, mientras pasábamos planta, ha venido a vernos con el recién nacido en brazos, para mostrarnos, orgullosa y sonriente, el resultado de su esfuerzo titánico la noche anterior.

Ver video: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/12/baleares/1339482744.html
El peligro de tener trillizos en Chad. Otro artículo de este autor en:
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/06/baleares/1339009477.html

Para la reflexión, acción y oración

Aproximadamente una mujer muere cada minuto en el mundo como resultado de las complicaciones durante el embarazo o el parto. Más de 500.000 al año. El 99% de esas muertes se producen en "países en vías de desarrollo".
Reducir la tasa de mortalidad materna, al menos en sus tres cuartas partes, antes del 2015, es uno de los Objetivos del Milenio que, además, se encuentra recogido en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencias especiales». La salud de una niña, una mujer o una madre es, con frecuencia, la salud de un bebé, de varios, de una familia entera.

Por aquellos días salió un decreto de César Augusto para que se empadronara todo el mundo. Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer, que estaba encinta. Y sucedió que mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto y ella dio a luz a su hijo primogénito. José envolvió en pañales al niño y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio en la posada. Después, con lágrimas de impotencia, enterró a María, que, como tantas mujeres, había muerto en el parto por falta de la más elemental asistencia sanitaria.
(Esto no es Palabra de Dios)

Padre,
tú que quieres que todos tengan vida,
¡cómo debes de sufrir al ver a tantas mujeres
perder su vida en el momento de alumbrar una nueva vida!
Haznos sensibles a este sufrimiento
y no nos dejes descansar hasta que todas las madres
puedan dar a luz convenientemente atendidas.

La lotería de ser madre
Marta Arias
UNICEF Comité Español

“¡Tener hijos es una lotería, no sabes cómo te van a salir!”. “Cuando fui madre me tocó la lotería”… Seguro que alguna vez todos los padres hemos recurrido a estos tópicos. Pero igual no nos hemos parado a pensar en la otra lotería. En la de haber caído en un lugar del mundo en el que ser madre no supone (salvo muy contadas excepciones) un riesgo para nuestras vidas, en el que no tenemos que preguntarnos con angustia si ese hijo sobrevivirá al primer mes, o a su quinto cumpleaños. Yo he sido madre dos veces. En conjunto, la mayor angustia que tuve que vivir fue la de un cambio inesperado de médico en mitad del primer embarazo. Confieso que llegué incluso a quejarme del incordio de los controles médicos, que rompían mi rutina cuando yo me encontraba en perfectas condiciones. Incluso cuando pasé por el amargo trago de perder un embarazo intermedio, en todo momento me sentí vigilada al máximo y nunca tuve la sensación de estar en peligro. Sentí una enorme tristeza, pero la convicción de que no se había podido hacer nada por evitarlo.
La experiencia de millones de mujeres en el mundo en desarrollo es muy distinta. A pesar de todos los compromisos de la comunidad internacional, en 2010 todavía murieron 500 mujeres en el momento del parto por cada 100.000 nacidos vivos en África Subsahariana. Todavía 46 millones de niños (de un total aproximado de 135 millones de partos con nacidos vivos) vinieron al mundo sin ningún tipo de asistencia médica. Las diferencias entre países y al interior de los países son a su vez inmensas. Si has nacido mujer, indígena y rural… lo tienes muy difícil para poder acudir a una de las cuatro visitas de atención prenatal que recomienda la Organización Mundial de la Salud. De hecho, sólo la mitad de las mujeres del mundo en desarrollo realiza estas cuatro visitas (apenas el 36% en el Sur de Asia).
Seamos conscientes de nuestro privilegio. Y luchemos para que deje de serlo y se convierta en una realidad para todas las madres del mundo. Cada uno desde nuestras posibilidades. Para empezar, no dejando que esta realidad permanezca escondida.