2014-03-28

40 días con los últimos - ARABIA SAUDITA - Cuando las mujeres ni cuentan ni gobiernan

Cuando las mujeres ni cuentan ni gobiernan











ARABIA SAUDITA
Población: 30.193.000 h.
IDH: 0,782 (puesto nº57 de 187)
Porcentaje de mujeres en el parlamento: 0,1 %

Porcentaje de mujeres en el parlamento

El lunes pasado, al presentar el Índice de Desigualdad de Género (IDH), ya vimos que Arabia Saudita es el cuarto país con peor resultado respecto a este índice, tan solo superado por Níger, Afganistán y Yemen. Hoy añadimos el dato de la participacion política de las mujeres en la sociedad y, en concreto, en el parlamento... allá donde existe. En el último Índice de Democracia de la revista The Economist, correspondiente al año 2011, Arabia Saudi figura como el séptimo régimen más autoritario del mundo, solo por detrás de Guinea Ecuatorial, Birmania, Uzbekistán, Turkmenistán, Chad y Corea del Norte. Se juntan así en este país una cultura machista y un gobierno autoritario.
Resultado: las mujeres excluidas de la gestión pública y de las decisiones.
En el resto del mundo, a pesar de que hay bastantes países con buenos comportamientos en el Índice de Desigualdad de Género, tan solo uno -Ruanda- cuenta con más mujeres que hombres en el parlamento.

 
(0,1 es el menor porcentaje que el Informe del PNUD asigna a este índice.
No hay datos de: Guinea, Palestina, Brunei, Hong Kong, Fiyi e Islas Salomón)
Mujeres en el ‘parlamento’ saudí
Miguel Máiquez. 21/2/2013
http://recortesdeorientemedio.com/2013/02/21/mujeres-en-el-parlamento-saudi/

La decisión del rey Abdulá de Arabia Saudí de admitir por primera vez a mujeres en el Consejo de la Shura tiene una importante significación simbólica, pero, a efectos prácticos, es bastante irrelevante. Aunque pueda parecerse a un parlamento, el Consejo de la Shura no es un órgano ejecutivo con poder real, sino una institución meramente consultiva que se limita a asesorar sobre nuevas leyes. Sus integrantes, además, son nombrados por el propio rey, con lo que no es probable que las mujeres designadas (un total de 30, la quinta parte del nuevo Consejo) tengan un perfil especialmente reivindicativo o reformista. La medida, en cualquier caso, ha sido suficiente para que los clérigos conservadores del país hayan puesto el grito en el cielo.
Para entender mejor el funcionamiento de los órganos de poder saudíes es importante recordar que el rey y su familia detentan un poder prácticamente absoluto, solo limitado por la ley islámica (sharia). Existe un Consejo de Ministros para dirigir las políticas gubernamentales y desarrollar las actividades burocráticas, pero sus miembros son elegidos por el monarca y responden ante éste. La mayor parte de los ministerios y de los altos cargos del Gobierno están ocupados por miembros de la familia real. En Arabia Saudí no hay partidos políticos reconocidos legalmente y las elecciones son solo locales.
En este contexto, el Consejo de la Shura difícilmente puede ser considerado como un parlamento democrático del que emanan leyes, ni sus componentes, hombres o mujeres, como la representación de la voluntad del pueblo. La propia admisión de estas 30 consejeras es más una especie de concesión que el reconocimiento de un derecho. El rey, además, ha impuesto límites: la cuota femenina no puede exceder el 20%. Y entre las designadas hay dos miembros de la familia real. 
Las nuevas integrantes del Consejo entrarán a la sala principal por un acceso diferente al de los hombres, se sentarán separadas de éstos por una barrera y deberán llevar el velo que deja solo los ojos al descubierto (niqab), con lo que no será sencillo identificarlas.
Aún así, la medida ha sido valorada como positiva por quienes ven en este gesto un nuevo signo del tímido avance del papel de la mujer en la sociedad saudí que estaría impulsando en los últimos tiempos el monarca, un anciano que este año [2013] cumplirá 90 años. En 2011, Abdulá anunció, por ejemplo, que las mujeres podrán votar y ser elegidas para ejercer cargos en los próximos comicios municipales de 2015, y hace unos años, en 2009, autorizó por primera vez que hombres y mujeres compartiesen las aulas de una universidad.
Una de las nuevas miembros del Consejo, Thuraya al Arrayed, dijo a la BBC que su presencia en la Shura puede “ayudar a cambiar la opinión de los saudíes sobre las mujeres”. “Es una ocasión histórica, y me siento honrada de formar parte de ella. Si funciona, si resulta ser positiva, contribuirá a modificar actitudes preocupantes sobre la participación de las mujeres y de su participación en los asuntos generales del país”, añadió.
De momento, la parte de la sociedad a la que se supone que representan no puede conducir y necesita el permiso de un “guardián” masculino para poder trabajar, viajar al extranjero, divorciarse, ingresar en un hospital público o abrir una cuenta bancaria.

Para la reflexión, acción y oración

Hablar de Desarrollo Humano significa también hablar de participación de las mujeres en la toma de decisiones que afectan al conjunto de la sociedad, es decir, en los gobiernos. Por mucho que haya países cuyo IDH sea alto o muy alto, si las mujeres están excluidas de la política, debemos relativizar mucho ese valor.

Según el Informe del PNUD de 2011, y con fuentes basadas en diversos estudios, las mujeres manifiestan más preocupación por el medioambiente, apoyan más las políticas favorables a este y votan por líderes que lo defienden (p. 69). La conclusión es clara: allí donde las mujeres participan en las cuestiones de gobierno, allí hay más sostenibilidad y equidad y, por ende, mayor desarrollo humano.

He aquí otra llamada de atención a la Iglesia Católica en su forma de gobierno. ¡Lo que nos estamos perdiendo en la Iglesia excluyendo a las mujeres de la toma de decisiones! Por lo demás, ni la mujer sin el hombre ni el hombre sin la mujer, en el Señor. Porque si la mujer procede del hombre, el hombre, a su vez, nace mediante la mujer. Y todo proviene de Dios.
(1 Co 11, 11-12)

Dios Trinidad,
unión sin confusión, plenitud de amor,
tú que nos has creado a hombres y mujeres
a tu imagen y semejanza,
ayúdanos a ser como tú.
Que también nosotros seamos Uno en el amor.

La mujer es también un animal político
Elvira Durán Costell
Cristianisme i Justícia

Todos conocemos la famosa afirmación de Aristóteles “el hombre es un animal político” pero no estoy segura de si somos del todo conscientes del alcance que tiene esta afirmación. Que seamos animales políticos quiere decir que para ser hombres o mujeres plenamente humanos es imprescindible el desarrollo de nuestra dimensión social y política. Somos seres sociales y si no podemos desarrollar esta dimensión quedamos incompletos. Y esta dimensión social no está completa si no se abre a su nivel más complejo: el que vincula a la persona con otras personas con las que no tiene lazos familiares ni afectivos. En la distinción clásica la dimensión social se desarrolla en tres ámbitos: la familia, la comunidad (relaciones con aquellos que tenemos vínculos personales afectivos y/o de colaboración) y sociedad (ámbito compartido con aquellos con los que no tenemos relación personal).
En lenguaje creyente los cristianos lo podemos expresar de la siguiente manera: la fraternidad de la que nos habla el Evangelio alcanza su expresión más plena en el compromiso por la construcción del Reino de Dios. Es decir, el trabajo por una sociedad justa en que cada hombre y mujer pueda vivir una vida digna y plena. La fraternidad no puede quedarse sólo en el ámbito de la familia o de la comunidad. Las personas sólo somos plenamente personas y plenamente cristianos si vivimos fraternalmente. Por tanto si se nos niega la posibilidad de desarrollar al máximo nuestra dimensión política se nos está cerrando el paso al desarrollo pleno como personas, y como cristianos.
Esta es la reflexión que me ha suscitado la noticia sobre el índice de desarrollo humano, sobre desigualdad de género y el indicador del grado de participación de las mujeres en las instituciones políticas. El drama humano de los países que, como Arabia Saudí, impiden el acceso de las mujeres a la política queda patente si hacemos esta reflexión: están impidiendo a sus mujeres desarrollarse plenamente como personas.
Podría haber hecho un artículo centrado en el tema de igualdad de derechos, las medidas y leyes que garantizan el ejercicio de esta igualdad… pero seguro que tenéis oportunidad de leer muchos en este sentido. A mí lo que me preocupa es esta reflexión que intenta ir al fondo de la cuestión: impedir a las mujeres la participación política es impedirles el pleno desarrollo como personas. En lenguaje creyente podemos decir que les impide vivir plenamente la fraternidad y participar en algunos de los compromisos fundamentales en la construcción del Reino de Dios.