2014-02-09

Pan, carne, sal y luz - MANOS UNIDAS

ECLESALIA, 06/02/14.- Pudiera parecer, leyendo el título, que he empezado haciendo la lista de la compra, incluyendo, de forma breve, la adquisición de alguna bombilla. No, no va por ahí la cosa.
Las dos primeras palabras del título -pan y carne- las tomo de Isaias 58,7-10; y las dos siguientes –sal y luz- de Mateo 5, 13-16. Así empieza mi reflexión sobre la primera lectura y el evangelio que escucharemos o leeremos personalmente en próximo domingo, día de la CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE de MANOS UNIDAS.
Isaías, con la claridad y elocuencia que le caracteriza, dice: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne” Cuando no partes ni repartes, no hospedas y no viste… estás cerrándote a tu propia carne (todos somos iguales aunque no siempre lo creamos) o te encierras en tu propia carne, en un delirio de autofagia destructiva. En cualquier caso, te pudres. Pero si partes y repartes, hospedas y vistes, sigue diciendo Isaías: “… enseguida te brotará la carne sana” (…) “tu oscuridad se volverá mediodía”.
Seguimos en la oscuridad, año tras años, son ya muchos años de Campaña contra el Hambre y sigue habiendo hambre, miseria, deterioro medioambiental, y cada vez más seres humanos atravesando la frontera de la exclusión con un cartel que le han colgado al cuello que dice: “NO EXISTO”.
“La Humanidad avanza por una vía de ruina, movida por la avaricia y la ignorancia a corto plazo” (…) “Los políticos temen decir la verdad allí donde hay ‘lobbys’ poderosos…”. ¿Quién ha dicho esto? ¿El Papa Francisco? No, son palabras de Jeffrey D. Sanch, profesor de Desarrollo Sostenible y de Política y Gestión de la Salud, director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, además de asesor especial del secretario general de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (El País 02/02/14)
También el Papa Francisco, en el documento “La Alegría del Evangelio” denuncia abiertamente la injusticia económica:
“Hoy debemos decir no a una economía de la exclusión y de la desigualdad social. Esta economía mata. No es posible que la muerte por congelamiento de un anciano sin abrigo no sea noticia, mientras sí lo es la caída de dos puntos de la Bolsa. Esto es exclusión. No se puede tolerar más el hecho de tirar comida a la basura cuando hay personas que pasan hambre. Esto es desigualdad social.
Hoy todo entra en el juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de dicha situación, grandes masas de población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin perspectivas, en un callejón sin salida.
El ser humano es considerado, en sí mismo, como un bien de consumo que se puede usar y después tirarlo. Así dio comienzo la cultura de lo descartable, que, además, llega a ser promovida. Ya no se trata sencillamente del fenómeno de explotación y opresión, sino de una realidad nueva: con la exclusión se hiere desde su misma raíz la pertenencia a la sociedad en que se vive, pues quien vive en las favelas, en la periferia o sin poder ya no está en ella sino fuera. Los excluidos no son explotados, sino residuos, sobras”. (Evangelii gaudium)
La denuncia del Papa le ha valido un “premio”. La CNN, gigantesca empresa de comunicación estadounidense, le ha concedido la “Medalla de Cartón”, que concede a quienes, según ellos, hablan tonterías en materia de asuntos de economía. Si quieren saber más les animo a leer el artículo de Frei Betto, dominico y teólogo de la liberación, titulado“Francisco y la economía de mercado” (Adital, 26/12/13).
Si este es el panorama mundial para combatir el hambre en el mundo, sin desanimarnos vayamos a ver que dice Jesús a sus discípulos; todos, los que le escucharon en directo y Mateo nos lo dejó escrito; y nosotros que no sabemos tantas veces a donde mirar con el despropósito mundial de estos tiempos: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa…” (…) “Vosotros sois la luz del mundo…” Si estamos sosos y fundidos qué vamos a hacer por muchas campañas contra el hambre que se organicen.
Habrá que echar sal en la herida de la economía injusta, que pique, que intranquilice, que llegue a cicatrizar. El mismo Papa Francisco ya se ha ganado esa estúpida “medalla” honorífica porque sus palabras sobre la economía mundial escuecen a los poderosos.
Si nos encendemos, iluminados por la Luz que todo lo ilumina, podremos ser como linternas que dirigen la luz a lo oscuro de la injusticia y la insolidaridad, para que se vea el origen de tanta deshumanización de guante blanco.
Luces que denuncien las cavernas de acero de los paraísos fiscales, mausoleos de la corrupción política, económica y financiera, en donde se encierra la avaricia que no deja crecer a la humanidad ni siquiera en lo mínimo indispensable: tierra y techo, alimento, salud, educación, trabajo digno, justicia imparcial, cultura, información, libertad, democracia verdadera y paz.
Hay millones de seres humanos en todas las latitudes hambrientos de todos estos “alimentos”, así que colaboremos en la Campaña de Manos Unidas (manosunidas.org), aportando y denunciando.
La verdadera economía es la del justo disfrute de estos “alimentos” que hacen crecer al ser humano en una vida digna. Hablemos de justa economía, aunque los que ponen “medallas de cartón” digan que estamos tontos.
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com

Tomado de: http://eclesalia.wordpress.com/2014/02/06/manos-unidas/