2013-09-25

Ebanjelioa irudietan

Por momentos, cuando te detienes a pensar en la inmensa cantidad de gente que ha pasado por tu vida, y de la manera en cómo han influido, te quedas con la sensación de que llevas un tesoro en vasija de barro. ¡Tenemos tanto de los demás! Es verdad que no todos los encuentros has sido igualmente beneficiosos o sanos, pero aún de aquellos de los que te quieres olvidar te han aportado algo. Puedes afirmar que estas en paz y reconciliado con lo que te ha tocado vivir, cuando puedes capitalizar tus experiencias, aun las que calificas de negativas, y extraer sabiduría y bondad. Hay personas que han pasado por nuestra vida regalando alegría y con ello nos han dado esperanza de un mundo mejor. Cuando descubres a alguien que te ilumina con su bondad, son su alegría, con su simpatía, crees profundamente en que vivir es un don maravilloso. ¡No existe mayor motivación para ser bueno que cuando ves sonreír al pobre, al que sufre, al que han abandonado, al que encontró en ti una mirada compasiva y palabras amables!. Cuando te ocurre esto recuerdas que también lloraste...Si alguna vez has sido dañado por alguien, y todavía llevas impresas en tu alma la cicatriz de una herida, no mires hacia atrás reclamando…mira hacia adelante. El dolor padecido te acerca al que sufre. Las experiencias dolorosas aportan una enseñanza que nunca debemos olvidar; “cuando maltratas a alguien dejas heridas que son imborrables”. Libérate del rencor y el resentimiento y vuélcate de lleno a acoger con compasión el dolor de los demás y convierte para ellos en la mano amable y el oído atento. Nuestras heridas se sanan cuando acogemos las heridas de los demás y sienten que nuestra bondad les cura. ¿Ves? Llevamos en nosotros un tesoro que exige que sea repartido… Cuando pienso en las personas que me han regalado de su bondad, recuerdo que tengo que comunicar esa bondad,... y que el mundo está esperando.
P. Javier Rojas, sj