2013-03-04

40 días con los últimos - Nuestra forma de consumir y de usar el dinero

BANGLADESH
Población: 152.409.000 h.
IDH: 0,500
El sueño de Mizam
El niño terminó la jornada a punto de desplomarse. Mizam llevaba dieciocho días seguidos trabajando en aquella factoría de Dhaka. Le habían “contratado” junto con otros chavales como él para trabajar en una partida de forros polares con capucha en forma de cabeza de dragón. Había que introducir a mano las bolitas de gomaespuma en las orejas de la capucha y para ello los pequeños dedos infantiles eran más eficaces. Mizam contempló el último montón. Le habían dicho que los dragones estaban de moda entre los niños americanos. Sabía que en América había un presidente de color y soñó con un niño negro de América vestido de dragón…
Dos meses después, un empleado de una empresa multinacional concluía un viaje de trabajo en Alemania. A punto de tomar el vuelo de vuelta en Frankfurt, en una de las tiendas del aeropuerto pensó en su hijo pequeño que le esperaba en Zaragoza y compró un llamativo forro polar de color verde chillón con la capucha en forma de dragón.
El niño Valero se cansó pronto de la nueva prenda, que quedó arrinconada en el fondo del armario junto con camisetas y pantalones que ya no se pondría más. Al cabo de un tiempo, su madre hizo limpieza e incluyó al dragoncito en el lote de ropa que depositó en uno de los contenedores de una ONG de ayuda al desarrollo. Poco después, el forro-dragón, comprimido en un lote de ropa de segunda mano, navegaba rumbo a Senegal.
Tras desembarcar en el puerto de Dakar, el lote fue transportado en un camión hasta el mercado central, donde fue subastado y comprado por un comerciante, que a su vez lo revendió a otro minorista, que a su vez hizo lotes más pequeños, que a su vez fueron revendidos… Pero nadie quiso comprar el forro polar verde con cabeza de dragón, de modo que la mujer del comerciante lo usó para arropar a su último bebé, Diadié.
En ese momento Mizam acarreaba fardos de tela por la factoría de Dhaka. Nadie le dijo que su sueño se había cumplido en parte: el forro polar nunca llegó a América, pero sirvió para vestir a un niño de piel oscura como él.
José Eizaguirre
Ilustración de Cristina Gómez Sancho
Trabajo infantil
En todo el mundo sigue habiendo niños y niñas que trabajan, descuidando su educación y poniendo en peligro su salud, su desarrollo e incluso su propia vida. De acuerdo con las estimaciones de la OIT, en los países en desarrollo hay unos 250 millones de niños de entre cinco y 14 años de edad que realizan algún tipo de actividad económica. De ellos, 120 millones trabajan a tiempo completo.
Aunque la mayoría de los niños que trabajan lo hacen en la agricultura, tareas domésticas y pequeñas empresas familiares, la utilización de mano de obra infantil interesa también a muchos empleadores porque los salarios son menores y son más manejables que los adultos.
El problema es complejo, pues la situación de muchas familias sin esta aportación de los niños sería insostenible. Algunas ONGs y la propia OIT darían por bueno que se cumpliesen al menos tres objetivos básicos:
1.- Que el trabajo sea compatible con la escuela.
2.- Que tengan buenas condiciones de seguridad e higiene.
3.- Que acabe todo tipo de explotación.

¿Qué podemos hacer (o dejar de hacer)?
Seguir formándonos y sensibilizándonos…
• Ser críticos con los productos procedentes de países en los que haya trabajo infantil.
• Apoyar –con tiempo, dinero o publicidad– a ONGs y proyectos que estén contribuyendo a erradicar el trabajo infantil.
Y todo esto con esperanza, sabiendo que comportándonos así tal vez no cambiemos la realidad; pero al menos nos estamos cambiando nosotros.

«Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis,
porque de los que son como éstos es el Reino de Dios» (Mc 10, 14)
Señor Jesús, haznos sensibles a la situación de tantos niños y niñas obligados a trabajar.

Para profundizar:
Entidades que actúan contra el trabajo infantil:
Campañas:
- “Roba Neta” (en catalán).