2013-03-10

40 días con los últimos - Nuestra forma de organizarnos y de ser gobernados

ESPAÑA
47.244.000 h.
IDH: 0,878

LOS TOPOS
Viven en el submundo y en el subsuelo, enterrados, casi marginados de los placeres del mundo exterior: un buen baño de Sol, una brisa refrescante, el color de un amanecer… Pero los topos excavan sus galerías desde hace mucho tiempo, entre toda la familia topuna, hasta que un día deciden dar un salto colectivo y salir a la superficie.
Cuando aparecen las primeras señales de su presencia, pequeños montículos de tierra, aparecen sembradas por diferentes plazas, jardines o huertos se las ignora. Pero en un santiamén se multiplican y entonces se les llama plaga –una plaga de topos rebeldes, violentos y fastidiosos que todo lo destroza. Y se decide derrotarlos por la fuerza. Todo tipo de armas contundentes, palos, porras, plomos y bombas salen de los almacenes; pero es insuficiente. El clan topo resiste.
Entonces se recurre a remedios muy tóxicos, caducados y anticuados:
Discursos emponzoñados les critican la falta de organización, sólo porque están inventando formas nuevas de organizarse que no alcanzan a imaginar.
Dicen que les falta un líder, un representante, porque a eso están acostumbrados, a tratar y combatir entre líderes que sólo representan el poder y el capital. Saben que lo colectivo es peligroso, porque nadie impone ni manda.
Voces envenenadas dicen y repiten que todo esto no avanza, que va muy despacio, ignorantes que así se llega más lejos. porque –sin prejuicios– no se preguntan de dónde vienen, sino a dónde van.
Desde las poltronas políticas se afirma que no saben interpretar la realidad política actual. Claro que no, responde Arcadi, un papá topo, no se trata de observar, sino de participar.
Es una plaga para hacerse con el control del Estado, son aspirantes al poder– se les acusa. Y el toperio ríe.
Esas especulaciones son cosquillas; su propósito no va por ahí. Su ambición es mucho mayor… quieren transformar el mundo. Y el primer paso ya está dado: sus túneles, grutas y cavernas secretas hacen que el mundo de los de arriba se tambalee.
Gustavo Duch.
Ilustración de Cristina Gómez Sancho

En las tres primeras semanas hemos profundizado en las consecuencias que nuestra forma individual de alimentarnos, utilizar los recursos y consumir tienen para otras personas (y para el medio ambiente, que también repercute en las personas). En esta cuarta semana de cuaresma dirigimos nuestra mirada a otra dimensión no menos importante: nuestra forma de organizarnos como sociedad. Las estructuras y mecanismos de gobierno que nos hemos dado tienen una importante relación con la manera como vive otras mucha gente. La cita de Juan Pablo II, en su versión completa, nos recuerda esta dimensión pública y de gobierno: "Los responsables de la gestión pública, los ciudadanos de los países ricos, individualmente considerados, especialmente si son cristianos, tienen la obligación moral –según el correspondiente grado de responsabilidad– de tomar en consideración, en las decisiones personales y de gobierno, esta relación de universalidad, esta interdependencia que subsiste entre su forma de comportarse y la miseria y el subdesarrollo de tantos miles de hombres." 
No se trata, por tanto, únicamente del nivel personal; las decisiones de gobierno también afectan –¡y muchísimo!– a otras sociedades. Se trata entonces de profundizar en la interdependencia entre nuestro comportamiento personal y el de los responsables de la gestión pública.

Oré al Señor, mi Dios, y le hice esta confesión: «¡Ah, Señor, Dios grande y temible, que mantienes la alianza y la fidelidad con aquellos que te aman y observan tus mandamientos! Nosotros nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus normas. No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país. 
¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, Señor, la vergüenza, y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti.» (Dn 9, 4­8)

Para ayudarnos a pensar y debatir
El profeta Daniel, en su oración, se reconoce identificado con el pecado de sus gobernantes y del pueblo entero. Una llamada de atención también para nosotros: ¿Qué relación encontramos entre el comportamiento de nuestros gobernantes y el nuestro personal?