2013-02-28

40 días con los últimos - Nuestra forma de utilizar los recursos

EGIPTO
Población: 82.217.000 h.
IDH: 0,644
El faraón
La primera vez que lo observé, bajo las palmeras del jardín, me gustó. Como muchos urbanitas tuve una época aficionado a la entomología, ciencia de los insectos, que son de los pocos seres vivos que te encuentras entre edificios y cemento. Nunca había visto un escarabajo negro y rojo con trompa de elefante. Mediría unos 4 centímetros y se estaba bien quieto, posando para que lo inmortalizara en un par de fotografías.
La segunda vez que vi al coleóptero en cuestión fue en un documental de la televisión. Y me gustó menos. Parece que, llegado desde Egipto en containers de palmeras para vender y adornar avenidas y calles, estaba colonizando muchas palmeras de la orilla norte del Mediterraneo, como el individuo que retraté. Los adultos viven, pasean y se alimentan entre las hojas de palma, pero las mamás ponen entre las heridas o rendijas del troco, su descendencia ovípara. Y son las larvas, gusanos gordos y arrugosos, los que comiendo y comiendo, enferman al árbol a base de túneles.
La tercera vez, me han contado de él. De la misma familia picuda pero de color negro se encuentra también por América Latina. En Tumaco, Colombia, 16 mil hectáreas cultivos de palma aceitera están parasitadas y van a ser sacrificadas para evitar mayores infestaciones.
¿Tendrán los picudos la inteligencia de reproducirse en los monocultivos de los faraónicos terratenientes que asaltan o invaden los campos campesinos para monocultivar estas fábricas de combustibles mentirosamente ecológicos?
Las grandes petroleras con sus divisiones de biodiesel ya notan un leve prurito. Me vuelve a gustar.
Gustavo Duch
Ilustración de José Eizaguirre
Biocombustibles
Si habiendo tantos hambrientos en el mundo resulta inmoral engordar el ganado con alimentos aptos para el consumo humano, más inmoral resulta dedicar alimentos a la fabricación de biocombustibles para los coches.
Incluso si esos biocombustibles se elaboran con plantas no aptas para el consumo humano, es controvertido dedicar suelo fértil para estos fines, cuando ha sido ganado a costa de biodiversidad local y de los terrenos de poblaciones nativas.
La apuesta europea por obtener combustibles para el transporte a partir de cultivos alimentarios pone en peligro los ecosistemas naturales y las comunidades del Sur. Un informe de Greenpeace concluye que, para cumplir los objetivos de la UE en abastecimiento de biocombustibles, sería necesario convertir en campos de cultivo una superficie equivalente a 1,5 veces la superficie cultivable de España. El verdadero reto es reducir la movilidad motorizada y garantizar que los agrocombustibles se obtienen con materia prima autóctona, sin impactos ambientales y sociales negativos.

¿Qué podemos hacer (o dejar de hacer)?
Informarnos, interesarnos, preguntar, debatir…
• Oponernos a los biocombustibles, sobre todo a los elaborados con alimentos.
• Indagar si nuestro banco tiene préstamos a empresas de biocombustibles o productos financieros que especulan con los alimentos.
• Hacer algún gesto de privación voluntaria que exprese nuestra solidaridad con los que pasan hambre y nuestra protesta ante la injusticia que sufren.
Y todo esto sin perder la esperanza, sin culpabilizaciones infructuosas, explicando por qué nos comportamos así.

Y escuché otra voz del cielo que decía: “salid de la ciudad de Babilonia, pueblo mío, no te hagas cómplice de sus pecados para que no tengas que compartir sus castigos” (Ap 18,4)
Perdona, Señor, nuestra complicidad con los pecados e insensateces de nuestra sociedad.

Para profundizar:
Artículos:
- Los juegos del hambre. Gustavo Duch, El País, 28/01/2012
- Último acto: el coche devora el planeta. Ecologistas en Acción: