2013-02-21

40 días con los últimos - Nuestra forma de alimentarnos


CHILE
Población: 17.423.000 h.

IDH: 0,805
El viejo pescador y el salmón fugitivo
Edgardo todavía recordaba los tiempos en que salía al mar con su socio y pescaban jureles y anchovetas. Ahora ya apenas quedaba pesca en la zona: los grandes pesqueros hacían inmensas capturas para fabricar las harinas de pescado para las balsas y los pescadores artesanales habían tenido que retirarse. Pero de vez en cuando le gustaba salir con la barca a echar el anzuelo. Esta vez hubo suerte.
El viejo observó el salmón que apareció al final del hilo. Seguramente se habría escapado de una de las balsas de cría en alguna tormenta. Antes no había salmones por los alrededores de Puerto Elvira, ni por toda la X Región chilena.
–Te conviene devolverme al mar- dijo el salmón apenas le hubo quitado el anzuelo.
¡Carajo! ¡Un salmón parlante! Sabía que en las balsas les mezclaban antibióticos y productos químicos con la comida. ¿O será cosa de las bacterias? Edgardo sabía todo eso pues Adela, su mujer, había trabajado en una de las factorías salmoneras. Mucha faena, malas condiciones y escaso sueldo. Cuando los jefes se enteraron de que estaba sindicada, la despidieron. Edgardo siguió el juego.
–¿Y por qué tendría que devolverte al mar, mi querido salmón?–
–¿No sabes que soy propiedad de Marine Harvest Co.? Mi pesca está prohibida por los particulares como tú. Si me llevas a puerto, te la juegas.
Por desgracia, era así. La Ley establecía que los salmones fugitivos seguían siendo propiedad de las empresas. Hacía poco un Cabo Segundo de la policía había sido apartado del servicio por no poder explicar de dónde procedían 100 kg de salmón que llevaba en el maletero de su coche…
–Eres un pez listo. Pero también podría comerte aquí mismo… o devolverte al mar después de haberte retorcido las agallas…
El salmón se le quedó mirando, con esas pupilas grandes e inquietantes que tienen los peces. Y durante un minuto eterno, los ojos de ambos se quedaron enfrentados.
–¡Pero qué carajo sin sentido es todo esto –se dijo Edgardo mientras lo arrojaba al cesto–; los peces no hablan!
José Eizaguirre
El salmón es la respuesta, ¿cual era la pregunta?
Chile ha pasado en 15 años de cero a ser el primer productor mundial de salmón, del que exporta el 98% de la producción. Pero este progreso económico apenas ha supuesto desarrollo humano para la población local. La X Región, principal productora, sigue siendo una de las zonas con mayor pobreza, con menor ingreso familiar, con mayores dificultades en educación y la que registra una mayor situación de vulnerabilidad social de todo el país. De cada 100 US$ que entran en Chile por la venta de salmón, 40 son beneficio empresarial y 4 llegan a los trabajadores como salario; el resto son gastos diversos. Los pescadores artesanales tienen prohibido por ley capturar los salmones accidentalmente escapados de las balsas de cría, ya que pertenecen a las compañías salmoneras.
Por otra parte, son necesarios entre 3 y 6 kg. de pescado para producir un kg. de salmón. El despilfarro energético que supone alimentar a peces con otros peces escapa de toda lógica sostenible.
Además, las consecuencias medioambientales de esta forma de producción son preocupantes: contaminación de las aguas, transmisión de enfermedades a otras especies, destrucción de ecosistemas.

¿Qué podemos hacer (o dejar de hacer)?
• Informarnos, leer, preguntar…
• Al comprar pescado, preguntar su procedencia.
• Evitar comprar pescado –congelado o en conserva– producido en países lejanos, en condiciones intensivas o por empresas poco respetuosas con los derechos de sus trabajadores.
Y todo esto sin culpabilizarnos, poco a poco, siendo conscientes de que con nuestra forma de alimentarnos estamos cambiando el mundo.

Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho;
buscad la justicia, buscad la humildad. (So 2, 3)
Señor, ayúdanos a ser humildes
y a buscar la justicia en todas las dimensiones de nuestra vida.

Para profundizar:
Cuaderno Salmones en Chile. El negocio de comerse el mar. Ferran García Moreno (2005). Colección Soberanía Alimentaria de Veterinarios Sin Fronteras , nº4:
Artículo El salmón se comió la pesca artesanal. Héctor Kol. El Ciudadano (Chile):
Cortometraje “Hasta las huevas” (7 min). Veterinarios sin Fronteras”:

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