2012-08-05

Pan vivo para un mundo muerto

Baja del cielo, Señor,
y despierta en nosotros el apetito por el pan que se cuece
en el horno celestial.
Baja del cielo, Señor,
para que, después de vivir aún sin vivir,
nos alimentemos con aquello que nos ayudará a vivir eternamente.
Baja del cielo, Señor,
y –de paso- bájanos a nosotros de las nubes
para que, comprendamos que no se vive mejor
sino cuando se está viviendo en Tï y por Ti.
Baja del cielo, Señor,
y si nos parece imposible comer tu carne
el que Tú entres dentro de nosotros
abre nuestro entendimiento y nuestra inteligencia
para que podamos descubrir, que en lo invisible,
se encuentra el secreto más profundo de tu presencia.
Baja del cielo, Señor,
y, si quieres, danos un adelanto de vida eterna:
vivir en caridad para podernos presentar con las manos vacías
acrecentar nuestra fe, para prepararnos al encuentro contigo
andar en la esperanza, para nunca desviarnos de tu camino.
¡Baja, del cielo, Señor!
Y, danos un sorbo de tu bebida
un sorbo de tu sangre un sorbo de esa auténtica bebida
con sabor a entrega, sacrificio y amistad verdadera.
¡Baja, del cielo, Señor!
Para que, cuando te veamos en el altar
sepamos que, no estás sólo,
que vienes en nombre de un Dios
que, una y otra vez, apuesta por el hombre
ama al hombre
y alimenta al hombre con un fin supremo:
darle vida y de la buena, la Eterna. Amén.