2012-04-04

Subir a Jerusalén

Es algo así como saltar a un pantano lleno de cocodrilos…Y a veces uno se pregunta ¿no sería mejor tomar las de Villadiego (o las de Belén, para el caso?) ¿Por qué, sabiendo que era el lugar del peligro, de la hostilidad de los poderosos hacia ti, Jesús, decides subir a Jerusalén?

¿Por qué no optar por el sentido común en lugar de la insensatez? ¿Por qué no esperar que se tranquilice el personal, hasta que se pueda seguir anunciando el reino en paz? ¿Para qué subes? ¿Para hacer sufrir a los tuyos? Menudo panorama.¿No sería mejor irse de pesca al Jordán? ¿o de boda a Canán? ¿o de fiesta a Betania?

En esa subida reconocemos y admiramos que, a veces, la vida te llama, te grita, te empuja, te sitúa en encrucijadas difíciles. Y algunas veces en esas encrucijadas, en nombre de lo que crees verdadero, se impone la honestidad, la coherencia y el compromiso.

1. Coherencia
Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» (Mc 10,38-39)
Qué difícil es esto de ser coherente. A veces me pregunto si sirve para algo. Tiendo a vivir con distintos horizontes, distintas lógicas… a veces me siento bienaventurado, y otras me sé un necio. A ratos creo en ti hasta la entraña profunda, y en otros ni te recuerdo.
Hay ocasiones en que mis acciones hablan de ti, y otras en que te niegan. ¿Cómo, Señor, vivir con tu lógica extraña? ¿Cómo atreverse a afirmarte siempre, en la vida, en tantas ocasiones? ¿Cómo hacerte parte de mis opciones, mi trabajo, mis relaciones, mi ocio, mis deseos y mis proyectos?
  • ¿Hay dimensiones de mi vida en las que Dios está ausente? (o en las que no podría entrar)
  • ¿Alguna vez el evangelio me pone en encrucijadas difíciles? Y entonces, ¿callo, huyo o subo hacia mi Jerusalén?
Con tu libertad, mi Libertad

Encarcelarán mis días,
pero no mis noches para soñar.
Oscurecerán mis ojos,
pero no mi interior claridad.
Censurarán mis palabras,
pero no los ecos de mi pensar.
Exiliarán mis ideas,
pero no mi pasión de verdad.
Amurallarán mis horizontes,
pero no mi mirada de azul celestial.
Tabicarán mis labios,
pero no mi placer de besar.

Helarán mis labios,
pero no mis latidos para amar.
Cercenarán mis sonrisas,
pero no mi raíz de felicidad.
Silenciarán mi religión,
pero no de mi Dios el palpitar.
Matarán mi cuerpo,
pero no mi alma inmortal.
Como el arroyo quiere ser río,
como el río llega a la mar,
como el mar hacerse cielo.
Así tú, mi Dios, ampararás
siempre, siempre, siempre,
con tu libertad, mi libertad.
Mateo Bautista.


2. Valor
Faltaban dos días para la Pascua y los Azimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle (Mc 14,1)
Supongo que mi error está en creer que a ti no te costaba. En pensar que como tú lo tenías todo claro, para ti lo de subir a Jerusalén era como un paseo, y que la fuerza del Dios Abbá en tu interior te lo hacía todo fácil.
Y olvido que los evangelios me cuentan, una y otra vez, tus luchas, tus miedos, tus noches oscuras, tus momentos de incertidumbre…
Al final lo que hace falta es valentía para avanzar, coraje para dar los pasos que uno cree necesarios, serenidad para arriesgar cuando merece la pena. Hace falta empuje para dejar atrás las seguridades (si esas seguridades me encadenan), y lucidez para proclamar, con mi vida, mis opciones, mis palabras y mis hechos, tu evangelio.
  • ¿Qué me da miedo a mi en el seguimiento de Jesús?
  • Le pido fuerza para mis propias subidas a Jerusalén…
En tiempos difíciles.
A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.

 Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que no contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción de una trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esa donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
ésta es, sin duda, la prueba decisiva.
Herberto Padilla