2012-03-27

GARIZUMA - Con los 40 últimos

MOZAMBIQUE
Población: 22.383.000
Capital: Maputo
IDH: 0,322 (nº 184)

EL DERECHO A LA JUSTICIA
Derechos humanos de los reclusos


La pobreza, la miseria, el abandono escolar, la ausencia de trabajo: estas son las causas de frecuentes detenciones, destinadas a repetirse hasta el infinito si no se afronta la raíz del problema de garantizar a quien está detenido la posibilidad concreta de mantenerse a sí mismo y a su familia, tras volver a casa.  Por eso la Comunidad de Sant’Egidio trabaja desde hace años para formar a los detenidos mozambiqueños, no solo con cursos de alfabetización sino también con cursos específicos de formación profesional que, enseñando un oficio, ayudan a la reinserción social tras el fin de la pena. Cursos de ceramista, de panadero, de carpintero, de zapatero… volver a casa así, con un oficio, y a veces con los instrumentos del oficio regalados al final del curso significa realmente un cambio hacia una vida nueva. 
Este año el trabajo de la Comunidad en este sector se ha reforzado gracias a un proyecto que cuenta con el apoyo de la Embajada de Holanda en Maputo, titulado “Derechos humanos de los reclusos. Para que la vida no termine en la cárcel”. El proyecto empezó en junio de 2009 y durará tres años. Prevé cursos de formación sobre derechos humanos para los voluntarios de la Comunidad que van a visitar a los detenidos y cursos de formación profesional a los detenidos de tres provincias Niassa, Cabo Delgado y Nampula.
www.santegidio.org


FIRMADO Y RATIFICADO
Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos. Art. 64 y 65:

El tratamiento de los condenados a una pena o medida privativa de libertad debe tener por objeto, en tanto que la duración de la condena lo permita, inculcarles la voluntad de vivir conforme a la ley, mantenerse con el producto de su trabajo, y crear en ellos la aptitud para hacerlo. Dicho tratamiento estará encaminado a fomentar en ellos el respeto de sí mismos y desarrollar el sentido de responsabilidad. El deber de la sociedad no termina con la liberación del recluso. Se deberá disponer, por consiguiente, de los servicios de organismos gubernamentales o privados capaces de prestar al recluso puesto en libertad una ayuda postpenitenciaria eficaz que tienda a disminuir los prejuicios hacia él y le permitan readaptarse a la comunidad.

DEL DERECHO AL HECHO

¡Qué diferente es considerar la cárcel como mero castigo o como oportunidad de corrección! “El deber de la sociedad no termina con la liberación del recluso”. Si no puedes acercarte a una cárcel, seguro que conoces a algún voluntario que sí lo hace. Llámale y pídele que te cuente su experiencia. También puedes leer el libro Andar 1 km en línea recta. La cárcel del s. XXI que vive el preso (Biblioteca Comillas, 2010).

ORACIÓN
“–Venid, benditos de mi Padre,
porque estuve en la cárcel y vinisteis a verme.
–Señor, ¿cuándo estuviste en la cárcel y fuimos a verte?
–Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos,
conmigo lo hicisteis.”
(Mt 25, 39)