2011-11-04

Eguneroko komentarioa

Jesús no invita a sus discípulos a ser torticeros y a ser sagaces para el mal. Lo que hace Jesús en esta parábola es enseñarles que lo mismo que algunos ponen sagacidad y astucia para sus propios negocios, así los hijos de la luz podrían poner su astucia al servicio del Reino. La sagacidad y la astucia, propias de la serpiente, no hay que identificarlas automáticamente con el mal. Hemos sido invitados a ser Hermanos, sí, pero no a “hacer el primo”. Los hijos de la luz no tenemos porqué ser tontos. Estamos invitados a poner todo nuestro potencial al servicio del Reino y de la humanidad. Es hora de espabilar.
No es difícil a veces confundir las cosas. Quizá ya sea hora de desterrar la negligencia que tantas veces se manifiesta como aparente bondad, o dejar de confundir la deseable pobreza y austeridad con el ser miserables y faltos de auténtica generosidad. La línea a veces es fina y no es difícil confundir la sana obediencia con el servilismo o esa presumida virtud que, en definitiva, no es más que mera necesidad.
“Mansos como palomas y astutos como serpientes”, dice Jesús en otra ocasión. A la hora del Reino, hay que espabilar. Eso sí, sin confundir una cosa con la otra.