2011-10-28

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No hay forasteros sobre el cimiento de los apóstoles

La elección de los doce según Lucas va precedida de una noche de oración, en intimidad con Dios, en apertura al misterio y en un simbólico y tradicional lugar de encuentro con la transcendencia: la montaña. El fruto de esta noche intensa se ve a la luz de la alborada. Jesús, desde su encuentro con el Padre, ofrece al mundo el obsequio de la salvación y el envío de los apóstoles. Estos —siempre según Lucas—, a partir de ese momento matutino, ya no se identifican con el gran número de los discípulos, de entre los cuales han sido escogidos con el encargo de una misión especial. La escena está captada con una óptica interesante en la película "Jesús", de Roger Young y se puede ver en este enlace de You Tube. Un buen amigo nos lo descubrió en un retiro.
Jesús es el centro de este cuadro. A su alrededor los doce, después el gran grupo de los discípulos y finalmente una muchedumbre. Podemos ver cómo la novedad del Reino proviene de Jesús —unido al Padre—, pasa por medio de los apóstoles, llega a la comunidad de los discípulos y es ofrecida a toda la humanidad. Desde aquí podemos entender la lectura de la carta a los Efesios de esta fiesta. En Cristo, los que estuvieron lejos, están ahora cerca. Jesús convoca a todos los hombres y mujeres a formar parte de un solo pueblo. Lo hace naciendo en medio de un Israel orgulloso de vivir aislado por un muro infranqueable, para no contaminarse con el resto de la tierra. Lo hace eligiendo hombres de ese pueblo que se creía exclusivo,  para que ahora proclamen una buena noticia inclusiva, que rompe fronteras y logra que ningún ser humano sea "extranjero ni forastero". En cambio, todos pueden ser conciudadanos del mismo y naciente Reino de Dios. Pablo da una réplica del marco de elección de los doce cuando dice que, como miembros de la familia de Dios, estamos edificados sobre el cimiento de los apóstoles y Cristo es la piedra angular. Podemos sentir desde aquí la cercanía de ese instante —desconcertante para los doce entonces y para nosotros hoy— y sabernos eslabones de una cadena de liberación universal, de un edificio singular, de una nueva humanidad, traspasando tiempo y lugares.
Hoy es buen día para subir a la montaña y encontrarnos con el Dios de Jesucristo. En intimidad con Él, con un intenso encuentro, nos mostrará cómo estamos cimentados en la roca de los apóstoles.