2011-10-25

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Gemidos por el Reino
La carta a los Romanos nos lleva hasta el horizonte escatológico de la Resurrección como plenitud de realización humana. Y lo hace descartando cualquier huída del presente, en el que ya se da el Reino. Sus palabras son un canto de esperanza que nos invita a descubrir el nuevo mundo que se va gestando en este. Así, los gemidos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo no tienen que ser desesperanzados. Con esta esperanza "que no se ve", los podemos interpretar como síntomas del alumbramiento del Reino, que tarda más de lo que el sufrimiento inmediato tolera. "Gemir en nuestro interior" es esperar aunque duela, mientras duele. Es una vivencia agridulce que nos acompaña casi siempre, a veces con la tentación de la soledad existencial que intenta minar nuestra fe.
Pero no estamos solos. El Espíritu de Cristo gime en nosotros, con nosotros, fundiéndose con cada sollozo humano. El gemido en nuestro interior es oración, pero también compromiso y acción suave y eficaz. No aguardamos pasivamente. Vivimos la esperanza enraizados en esta tierra de paso, de tal modo que las obras de nuestras manos vayan transformando, mejorando el momento presente.
Es aquí donde cobran fuerza los fenómenos de la mostaza y la levadura. Lo pequeño, e incluso despreciable, se convierte en arbusto frondoso. Lo que parece perdido en la masa, la transforma desde dentro. El Reino que germina en medio de este puede parecernos pequeño, insuficiente y para muchos será desdeñable. Sin embargo, por nuestra fe esperanzada sabemos que brotará un bosque poblado, exuberante. Podemos estancarnos en los viejos y manidos problemas de la humanidad sin creer-esperar en su solución, podemos desesperarnos por la impotencia que viene de la prepotencia humana, o bien podemos dar valor a la pequeña semilla que Cristo Jesús ha sembrado.
Desde la paralización y el desaliento nunca daremos importancia a la ilusión de un nuevo día, al consuelo que llega a algún desconsuelo, o a los pocos milagros solidarios que no son noticia. Además, haremos del final lo único importante de este hondo y hermoso camino de plenitud, dichoso y sangrante al mismo tiempo. Pero si damos valor a la semilla del Reino, el color esperanza brillará sobre esa pequeñez que va surcando la tierra. Jesús nos asegura que la levadura ya está fermentando desde dentro con una fuerza poderosísima invisible a los ojos humanos, visible a los ojos de la fe y la esperanza, eficiente en el amor cristiano.