2011-10-21

Eguneroko komentarioa

No es fácil tener una sensibilidad afinada y capaz de entender los signos y las señales que nos vienen del cielo. Cuando uno está metido de lleno en los trabajos y en las tareas cotidianas, pareciera que no hay ni tiempo ni sosiego suficiente para escuchar o discernir lo que viene de Dios. La hora de la brisa en que Dios paseaba por el edén para visitar y hablar con Adán y Eva se ha transformado hoy en una maraña de ruidos y estímulos perturbadores. En medio del barullo, se hace difícil escuchar su voz e interpretar las señales. Con todo, buscar la voluntad de Dios tampoco ha de ser una misión imposible.

Dios nos ha hecho capaces de Él. Es aquello que llaman los teólogos la “potencia obediencial”: la capacidad que tiene la persona de escucharle y acogerle. Dios quiere comunicarse y busca con quién hacerlo. En la humanidad ha encontrado aquel interlocutor capaz de entenderle y el mejor signo que hemos de aprender a leer. Al hacerse hombre en Jesús, Dios se ha hecho accesible y nos ha mostrado su rostro. En él, en Jesús, encontramos la medida de esa humanidad a la que todos estamos llamados. Ser hombres y mujeres a la medida de Jesús es nuestro reto. El camino del Evangelio pasa por el hombre; el de la nueva evangelización, por una nueva humanización. Humanizar es evangelizar. Evangelizar es humanizar.