2011-10-19

Eguneroko komentarioa

Las palabras de Jesús que escuchamos hoy en la liturgia son, en cierta medida, tranquilizadoras: no se nos piden cosas extraordinarias. Basta con vivir haciendo lo que tenemos que hacer en cada momento. Ni más ni menos. Se trata de vivir nuestro día a día siendo fieles, que no es poco. Estemos, pues, alerta y pidamos al Señor ser capaces de vivir esa serena fidelidad. Una fidelidad frágil, que no hace mucho ruido. No se trata de dar el “Do” de pecho, sino de mantener un “Sí” sostenido; una renovada respuesta que no siempre resulta fácil.

Cada cual tiene su camino y su medida, sus fuerzas y posibilidades. ¿Cómo vivir vigilantes y en tensión esa respuesta? Aunque, como decimos, el camino del seguimiento de Jesús no es fácil, tampoco es una quimera. Se trata de ir dejando que el Señor haga su camino y vaya convirtiendo nuestra vida a su voluntad, de forma que sabiéndonos amados por Él tal y como somos, consigamos ser tal y como él nos quiere. No podemos sino vivir y caminar confiando en su Palabra y su promesa: él está siempre con nosotros… hasta el fin de los tiempos. Mantengámonos alerta viviendo en confianza. El Señor de las promesas irá poniendo la fidelidad que a nosotros nos falte.