2011-10-11

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Primero, mirar al corazón

Con frecuencia, se da entre nosotros una tensión entre lo esencial y accidental. Es la tensión que aparece entre Jesús y los fariseos. Jesús “mira al corazón”, al interior del hombre; los fariseos fijan sus ojos en el rito y la norma exterior. Es cierto que, en teoría, todos defendemos la primacía de lo esencial, pero, cuando bajamos a la arena de cada día, cuántas veces se nos cuela el conflicto por poner en primera fila un detalle, un pequeño signo, una norma muy secundaria.

Jesús es tan libre que hasta parece imprudente. Es invitado a la mesa, y le suelta una regañina al anfitrión. Le molesta que den tanta importancia al rito de lavarse las manos, mientras desprecian el amor y la justicia y “por dentro rebosan robos y maldades”. En San Mateo, Jesús explicita más lo que sale de dentro y mancha: “Los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las injurias”.

Claro que necesitamos ritos, lenguajes y formas, pero no pueden quedar fosilizados. Un signo ha de significar y llevarnos al misterio, no quedarse en sí mismo.  Los detalles son muy importantes, pero sólo cuando parten de lo esencial y lo adornan; no, cuando ocultan lo principal.

Los hombres y mujeres de la Iglesia nos peleamos muchas veces por cosillas sin importancia, como posturas, ropajes, ritos, lenguajes, hábitos, etc. Mientras, -por ejemplo, en el anonimato de Internet- nos lanzamos ataques llenos de rencor. Muchos de los que lo leen, dando la vuelta a los primeros cristianos, podrían decir. “Mirad cómo se odian”.

Como Jesús, miremos antes el corazón, las actitudes. ¿Por qué a algunos les causa desazón hablar de “Moral de actitudes”?