2011-09-17

Eguneroko komentarioa

Cuando Jesús entra en crisis su mensaje da un salto de calidad. Sin las crisis de Jesús, hubieran quedado en la penumbra muchas de las encrucijadas por las que nosotros atravesamos.
Jesús debió de pasarlo mal al comprobar que su mensaje liberador no era tan aceptado como cabía esperar, que ante él se suscitaban actitudes muy diversas. Esto le dio pie a clarificar un par de cosas: la semilla siempre es buena y sobreabundante. Pero no produce fruto automáticamente. Entra en un juego de productividad con los terrenos. Hay fincas muy buenas y otras que son “manifiestamente memorables”. Así sucedió con la predicación de Jesús y así sucederá siempre con su evangelio.
Quizá no deberíamos sorprendernos tanto de lo que hoy sucede. Puede que hayan cambiado las proporciones de los terrenos, pero siempre habrá personas que acojan con alegría y hondura el mensaje, personas que lo acojan superficialmente y personas que lo rechacen. Y, sin embargo, la vitalidad del evangelio no depende de ninguna.
La semilla lleva dentro la vida. Creo que hay, pues, dos actitudes fundamentales que nos ayudan a vivir el presente: confianza absoluta en el poder soberano de la semilla ( la Palabra de Dios) y discernimiento sobre la calidad de nuestro propio terreno. El juicio sobre el terreno de los demás no nos compete a nosotros.