2011-08-06

Eguneroko irudia

La hambruna vuelve a golpear a las poblaciones del Cuerno de África. La semana pasada, la ONU declaró el estado de hambruna en dos regiones del sur de Somalia, donde el número de personas que necesitan ayuda ha aumentado de 2,4 a 3,7 millones en sólo seis meses. Y la crisis alimentaria afecta también a regiones del norte de Kenia y a las zonas meridionales de Etiopía, Yibuti y Uganda.

La Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), dependiente de la ONU, ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional para ayudar a los afectados, que, según fuentes del máximo organismo, mueren a centenares diariamente. El pasado miércoles, aterrizó en Mogadiscio el primer avión del operativo humanitario previsto para la región, pero las diez toneladas de ayuda apenas consigue aliviar el hambre. El secretario general de la ONU, Ban Ki Mun, ha cifrado en 1.100 millones de euros la cantidad necesaria para encarar la crisis, pero la atención internacional, lamentablemente, no está centrada en Somalia y sus países vecinos.

La causa de la actual tragedia es una grave sequía. Pero la mano del hombre no es ajena a lo que sucede en Somalia. Nacida en 1960 de la unión de las colonias británica e italiana en el Cuerno de África, Somalia se convirtió en una pieza clave de la guerra fría. Dada su situación, próxima al mar Rojo y al golfo Pérsico, Occidente le prestó atención entonces, sobre todo cuando cuando un golpe militar hizo presidente, en octubre de 1969, a Mohamed Siad Barre, que inicialmente fue aliado de la Unión Soviética. Ironías de la guerra fría, Barre terminó inclinándose por Washington, pero fue barrido por los clanes rivales. La guerra fría había terminado y Somalia se hundió en el caos, con los señores de la guerra repartiéndose el mapa.

En 1992, Bush padre decidió enviar tropas a Somalia por razones humanitarias (en octubre de 1992, unos 5.000 somalíes morían de hambre semanalmente). Los primeros soldados llegaron en diciembre de 1992 y poco después, con Bill Clinton en la Casa Blanca, la misión humanitaria se convirtió, en palabras de Madeleine Albright, "en una empresa sin precedentes destinada nada menos que a reconstruir el país entero". Pero el 3 de octubre de 1993, los partidarios de Mohamed Farrah Aidid, un jefe guerrillero, mataron a 18 soldados estadounidenses, y aquí se acabó el interés por Somalia.

Washington se olvidó de Somalia, pero la historia dio otro giro. Después de los atentados del 11 de septiembre, Somalia volvió a despertar el interés de Estados Unidos, cuyos servicios de inteligencia habían detectado en el país a miembros de Al Qaeda procedentes de Sudán. Washington decidió entonces apoyar, frente a los islamistas, a once señores de la guerra. Es decir, Washington se opuso a Barre, apoyó a Barre y abandonó a Barre. ¿Culpa de la guerra fría, que fue perversa? En la posguerra fría, Washington ha sufrido a los señores de la guerra y después les ha apoyado.

Somalia es ahora un Estado fallido que genera inseguridad, como demuestra la piratería que sufren las embarcaciones occidentales en sus costas. Pero Somalia merece ahora la ayuda internacional para hacer frente a un nueva tragedia. Occidente está sumido en una profunda crisis económica, pero los habitantes del Cuerno de África no lo tienen peor: no tienen nada. África sigue pareciendo un compendio de todos los males, pero la responsabilidad también es internacional.
[vanguardia.com 29/07/2011]