2011-08-06

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Un día como hoy de hace varios años llegué al monasterio ecuménico de Bose(Italia). Estaban celebrando su fiesta de una manera muy especial. En la liturgia, en la iconografía se manifiesta que la transfiguración de Jesús es la fiesta del monasterio. Y su inspiración.

La exhortación apostólica Vita Consecrata del  Papa Juan Pablo II  puso este icono de la transfiguración del Señor en el centro de su reflexión sobre la vida consagrada de nuestro tiempo, tanto contemplativa como activa, tanto de su identidad como de su misión.

Para el discípulo oyente de la Palabra, que la escucha y la medita en su corazón, destaca en el texto de hoy esta palabra puesta en los labios de Dios: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”.  A través de las figuras de la profecía, de la ley y de la historia somos remitidos a Jesús como la palabra definitiva de Dios. El Mesías Jesús es el verdadero portavoz de Dios y la plena palabra salida de la boca de Dios.

El cristiano que se siente hijo en el Hijo puede aplicarte a sí mismo estas palabras del Padre al Hijo: tu eres mi hijo amado.
Y ésta puede ser la oración para el discípulo en el día de hoy: repetir muchas veces: eres mi hijo amado.
Bonifacio Fernández, cmf