2011-08-11

Eguneroko irudia

Las imágenes que nos llegan de los campos de refugiados de Dadaab (Kenia), que acogen a 380.000 personas, y que están preparados para recibir a 90.000 más, ponen en evidencia la situación que se está viviendo en la región oriental de África, donde al menos diez millones de personas sufren una situación de extrema hambre debido a la sequía. Los dirigentes mundiales, los mandatarios occidentales y los medios de comunicación han hecho llamamientos para aumentar las ayudas contra la sequía, la peor en varias décadas, pero imputar a los fenómenos atmosféricos el origen de la catástrofe hace desviar la atención sobre las causas ocultas de la situación.
Revisemos algunos datos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el año 2010 las personas con desnutrición crónica eran el 14% de la población mundial, pero lo más grave es que este porcentaje no ha variado sustancialmente desde el año 1995, es decir, a pesar de declaraciones y objetivos (Cumbre Mundial sobre Alimentos de Roma de 1996, Declaración del Milenio de 2000, Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015), el nivel de pobreza mundial sigue estancado en las mismas tasas. Y para este año, debido a la crisis, se prevé que 44 millones de personas más pasen a sufrir hambre crónica. Junto con ello, también según la FAO, a principios de marzo pasado los precios internacionales de los cereales habían aumentado cerca del 70% comparados con los de hace un año. Siguiendo esta tendencia especulativa, en el mismo mes de marzo, Catalunya Caixa promocionaba un producto financiero -Depósito 100% Natural- que ofrece una cesta formada por tres materias primas, como el azúcar, el café y el trigo, con una inversión de 1.000 euros durante tres años y con una rentabilidad asegurada. Debido a las políticas liberales de las potencias mundiales, amparadas por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que fomentaban y presionaban a los países más pobres para que cambiaran de modelo y se dedicaran a la exportación agrícola ahogando así su propia agricultura, los contratos de compra y venta de alimentos se han convertido en productos que pueden ser objeto de transacciones. Así ha nacido el mercado de la especulación alimentaria, en el que el azúcar, el cacao, la carne, los productos lácteos, el café y el trigo forman parte del mercado mundial, junto con el oro o el petróleo.
Lo más contradictorio es que la producción de comida se ha multiplicado por tres en los últimos 50 años, mientras que la población mundial sólo se ha duplicado; es decir, alimentos hay. Así lo puso de manifiesto el Parlamento Europeo el pasado mes de febrero cuando afirmó que el suministro total de alimentos no es insuficiente, sino que es su inaccesibilidad y los elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria. Olivier de Schutter, relator de la ONU por el derecho a la alimentación, ya dijo: «Hay escasez localizada en regiones donde las cosechas han sido bajas, han sufrido desastres naturales o conflictos o donde las rutas de comunicación son muy pobres. Pero producimos suficiente para alimentar el mundo». Incluso el papa Benedicto XVI ha dicho recientemente ante la asamblea de la FAO que las transacciones financieras basadas en actitudes egoístas están extendiendo la pobreza y el hambre, y pidió más regulación de materias primas para garantizar el derecho a la vida de todo individuo.
Visto esto, volvemos a plantear si verdaderamente la única causa de la crisis de hambre del África oriental es la sequía o intervienen otros factores, algunos de ellos con nombres y apellidos: los mismos que ahora piden una intervención humanitaria han forzado o consentido la especulación alimentaria.
[Xavier Gonzàlez de Rivera, Elperiodico.com Domingo, 31 de julio 2011]