2011-07-13

Eguneroko komentarioa

En nuestra lectura del Éxodo llegamos hoy al episodio de la zarza ardiente, ante la que Moisés es invitado a descalzarse. La “experiencia de la zarza” es un momento fundante en la vida y vocación de Moisés. Dios le revela su nombre; es decir, le hace experimentar que se trata de una presencia misteriosa que lo acompañará siempre. El “Yo soy el que soy” es el “Yo soy el Dios de tus padres” y el “Yo estoy contigo”. No se trata de hacer conjeturas sobre la impenetrable esencia de Dios sino percibir que Él está con nosotros.

Fortalecido por esta experiencia, Moisés comienza su misión liberadora: Y, ahora, marcha, te envío al Faraón para que saques a mi pueblo.

La historia de la revelación de Dios en el fuego ha dado origen a multitud de interpretaciones. El fuego es un símbolo universal. Se han buscado significados cabalísticos, claves arquetípicas, etc. Abandonados a nuestra búsqueda, podemos deslizarnos por todas las pendientes imaginables. Por eso necesitamos la palabra guía de Jesús. El evangelio de hoy es meridiano. El misterio de Dios sólo se revela a los que se descalzan ante Él, a los sencillos: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla.

Vuestro hermano en la fe:
Fernando Gonzalez