2011-07-08

Eguneroko komentarioa

“...como ovejas entre lobos”
 
La misión a la que son enviados los apóstoles es peligrosa. Muy peligrosa. Jesús no esconde a nadie ni minimiza la suerte que amenaza el destino libremente asumido del seguidor. La comparación que aquí utiliza es durísima: “Como ovejas entre lobos”... “Lobos” son todos aquellos que, sin asomo de escrúpulo, persiguen, maltratan, amenazan o hacen desaparecer a los portadores del Evangelio. No importa si los “lobos” son los poseedores del poder en este mundo, los gobernantes, los adversarios declarados o, incluso, la propia familia. El ambiente que vaticina es, pues, de gran tensión. En el momento dado, puede inducir a la pérdida de confianza y autocontrol si no se asume una actitud serena y una inquebrantable fe en el futuro.
Ante la persecución, el cristiano no puede sumirse en el pánico y quedar paralizado en el pavor. Atender a las enseñanzas del evangelio supone aprender a confiar en el Espíritu de Jesús que lo conduce por los nebulosos caminos del discernimiento. ¿Qué hacer para no convertirse, a su vez, en lobos, ante sus ataques inmisericordes? Su propuesta se orienta en cuatro direcciones.
  • Ser sencillos como palomas y sagaces como serpientes. Usar la inteligencia práctica. Decía Chesterton con fino humor inglés que el cristiano al entrar en la iglesia “debe quitarse el sombrero, pero no la cabeza”. Pues eso, simplicidad y astucia ante el adversario. No cabe ni la temeridad, ni la ingenuidad.
  • Cuidarse de la gente. Que no significa desconfiar de todos, alejarse de las personas, rechazarlas, contraatacarlas, o amenazarlas con castigos de lo alto o de lo bajo... El seguidor sabe distinguir el “juicio temerario” de la “duda metódica”. Ser avisados no es faltar a la caridad. Es, sencillamente, abrir los ojos y analizar lo que de retorcido puede contener el corazón de una persona.
  • No preocuparse de lo que se ha de decir. Evitar el agobio paralizador generado por el miedo en los momentos de dificultad. ¡Es tan mal consejero! Los sufrimientos son más duros –y peligrosos- de sobrellevar cuando se imaginan que cuando suceden realmente. A cada momento el Espíritu sopla y guía. Nosotros ponemos las velas, Él el viento. También en los peligros.
  • Huir a otra ciudad, cuando sean perseguidos una. No hay concesión alguna a la temeridad, ni al aventurerismo. La prudencia dicta sortear peligros, esquivar golpes y, cuando sea posible y necesario, retirarse hábilmente. El espíritu del evangelio no es para héroes o supermanes.
Hoy sería tal vez un buen día para repasar nuestra vida, contemplando las pequeñas o grandes cicatrices que la misión ido dejando tatuadas en nuestra alma. Y a la luz de este evangelio, dejarnos consolar y aprender del pasado los criterios de actuación para el futuro que nos recuerda el Señor.
 
Vuestro buen amigo,
Juan Carlos cmf