2011-06-13

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REINICIO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ya han pasado las fiestas pascuales, se ha apagado el cirio, que permanecía en medio de la asamblea litúrgica. La Iglesia nos invita a retomar el ritmo de la vida ordinaria, aunque aún quedan las fiestas en honor de la Santísima Trinidad, del Corpus Christi y del Sagrado Corazón de Jesús.

Del acompañamiento diario, que os he venido ofreciendo desde el inicio del Adviento, con el breve comentario de las lecturas bíblicas de cada día, he sido el primer beneficiario, por el encuentro orante con la Palabra de Dios.
En esta nueva etapa, os dejaré descansar un poco, y tomaré el ritmo semanal, con el envío de la reflexión sobre las lecturas dominicales, y de alguna otra fecha más significativa.
Al filo del tiempo de verano, los ritmos son diferentes, aunque la llamada del Señor a la fidelidad y a estar con Él es permanente. En este tiempo que reiniciamos, la Palabra de Dios, de cada día, seguirá siendo el mejor acompañamiento. Durante la travesía de estos próximos meses, aunque las tareas sean distintas, siempre cabe la opción de dedicar un tiempo mayor a la lectura, a la oración, y cabe que hasta a unos días de Ejercicios Espirituales.
El verano puede ser un tiempo para la evasión o para un encuentro más profundo consigo mismo y con Dios. Toda circunstancia es propicia para quien busca a Dios, y las vacaciones permiten dedicarse a lo que quizá no es posible en durante el curso.
Un secreto para permanecer sin miedo al estío es no apartarse de la corriente que mana del santuario, según la expresión profética, y lema de JMJ, arraigados junto a la corriente, que es la persona de Jesucristo. La Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía, los tiempos de oración, la celebración de la misericordia, se convierten en verdadero manantial, y quien bebe de él sacia su sed, no importa el tiempo de sequía.
La referencia comunitaria, la Liturgia de las Horas, la visita a lugares emblemáticos, donde viven quienes se dedican de por vida a la oración, pueden despertar la sensibilidad creyente.
La mirada de Nuestra Señora, la memoria de advocaciones entrañables, algunas de ellas fijadas en ermitas y santuarios, siempre es una recomendación para los peregrinos de la existencia, o para quienes hacen de su vida una peregrinación.
Cada día tiene su afán, y a cada día le sobra con su disgusto. El Papa Benedicto XVI llega a decir: “El afán de un día es suficiente para el hombre, más no puede soportar” (Luz del mundo, 81)