2011-06-11

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¡VEN, ESPÍRITU SANTO, FUENTE DEL MAYOR CONSUELO!
¡Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas!
Manantial que concedes el nuevo nacimiento y la filiación divina por gracia que proviene del agua y del Espíritu, regenera nuestra identidad de hijos de Dios.
Fuente de la que mana la corriente de vida verdadera y hace dar fruto abundante a quien crece a sus márgenes, riega el árbol de nuestra existencia.
Borbotón de amor que inunda de plenitud la Iglesia y a quien bebe de los Santos Misterios, sácianos de ti.
Pozo de agua que mana en el interior del ser de quien es lavado por el Sacramento de la regeneración, no dejes de alumbrar en el corazón de los bautizados.
Corriente que fluye del santuario y vivifica cuanto riega, santifícanos con la gracia de los que viven en tu casa.
Agua que evoca la providencia divina en el desierto, regalo entrañable a los hijos de Abraham, roca de Moisés donde abrevaron los ganados y bebieron los fieles, no dejes de brotar en las entrañas de los que peregrinamos por las estepas recias de la prueba.
Fuente viva de agua que salta hasta la vida eterna, que aplaca la sed de sentido, danos siempre de esa agua.
Espíritu Santo, como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca (Sal 41, 2-3), Señor, Dios mío, sáciame de ti.
Espíritu Santo, mi alma tiene sed de ti, como tierra reseca, agostada sin agua (Sal 62, 2), sáciame de ti.
Espíritu Santo, a diferencia de la mujer samaritana, te pido: “Dame de beber” (Jn 4, 7).
Espíritu Santo, como Nicodemo, de noche acudo a ti para escuchar tu consigna: “Tenéis que nacer de nuevo del agua y del Espíritu”. Sumérgeme en tu fuente de vida (Jn 3, 5).
Espíritu Santo, tiendo mis manos hacia ti como tierra sedienta (Sal 142, 6), llueve tú sobre nuestra sequía.
Espíritu Santo, que no dejas sin recompensa a quien sacia la sed de los otros (Mt 10 42), hazme solidario de los que buscan, sedientos, el sentido de sus vidas.
Espíritu Santo, dame sensibilidad para que nadie, junto a mí, pase hambre y sed de justicia, de pan y de gozo interior (Mt 25, 35).
“… vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16, 22). “Las Iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo” (Act 9, 31).