2011-06-09

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¡VEN, ESPÍRITU SANTO, PADRE AMOROSO DEL POBRE!
Ven, Padre de los pobres, ven dador de dones, luz de los corazones.
Padre de los pobres, que sacas de la basura al desvalido, y al ciego de su postración. Tú socorres al que es indigente de pan, de salud y de perdón. ¡Ven, socórrenos!
“Tú ves las penas y los trabajos, Tú miras y los tomas en tus manos. A ti se encomienda el pobre, Tú socorres al huérfano” (Sal 9). ¡Ven, socórrenos!
“Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. Líbrame a mí de la espada, y a mi única vida, de la garra del mastín: sálvame de las fauces del león; a este pobre, de los cuernos del búfalo” (Sal 21, 22). ¡Ven, socórrenos!
Sabemos, Señor, que si el afligido te invoca y si el pobre acude a ti, Tú los escuchas y los libras de su angustia (Sal 33). ¡Ven, socórrenos!
Si Tú has llamado bienaventurado al que se apiada del pobre y desvalido, a quien visita al enfermo y al encarcelado, al que da un vaso de agua y comparte el pan, también has dado testimonio de tu compasión, de tus entrañas conmovidas ante el pobre y el agobiado por cualquier necesidad. (Sal 40) ¡Ven, socórrenos!
Fue cántico mesiánico: “Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector: Él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres…” (Sal 71, 12-13), que nosotros repetimos confiados. ¡Ven, socórrenos!
Con María cantamos el Magnificat, con gratitud y reconocimiento, por el don total de sí mismo que hizo Jesús, entregando su Espíritu a costa de su despojo. ¡Ven, socórrenos.
Padre de los pobres, mira a los que no tienen trabajo. ¡Ven en nuestra ayuda!
Padre de los pobres, dador de paz, concede la paz a los pueblos en guerra. ¡Ven en nuestra ayuda!
Padre de los pobres, entrañable misericordia que perdonas nuestros pecados, ¡ven en nuestra ayuda!
Padre de los pobres, que te compadeces de los que no tienen qué comer, danos el pan de cada día. ¡Ven en nuestra ayuda!
Padre de los pobres, fuente de riqueza, siembra en nosotros entrañas compasivas. ¡Ven en nuestra ayuda!
Padre de los pobres, que haces salir el sol para malos y buenos, no dejes de enviarnos el buen tiempo para las cosechas. ¡Ven en nuestra ayuda!
Padre de los pobres, manantial de vida, repártenos tus siete dones. ¡Ven en nuestra ayuda!
“Conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza” (2 Co. 8,9).