2011-06-23

Eguneko komentarioa

UNA FE SÓLIDA



          Por razones que no es necesario detallar, en estas últimas semanas he tenido ocasión de entrevistarme personalmente con varias decenas de jóvenes de unos 18 años, de distintos puntos de España, que se consideraban católicos, «practicantes» más o menos frecuentemente, y casi todos confirmados; muchos de ellos educados en Colegios Religiosos. Les planteaba algunas preguntas. Especialmente esta: «¿Qué es para ti lo más difícil a la hora de vivir tu fe cristiana?». Sus respuestas me han dado que pensar, y me parece que no son muy distintas a las que me habrían dado personas de otras edades.
             Había quienes se referían a la «incomodidad» de asistir a la Eucaristía dominical: a veces por el esfuerzo de levantarse «pronto» el domingo, a veces porque sus amigos no acudían y tenían que ir solos, a veces porque se sentían «raros» entre tanta gente mayor, y a veces porque entraba en conflicto con otras ‘obligaciones’ personales, como por ejemplo las deportivas. En todo caso, todo este grupo de jóvenes identificaban el ser cristianos con las prácticas religiosas, o mejor dicho, con la misa dominical.
          Había quienes hacían una referencia general a la dificultad de «cumplir» todos los mandamientos. Y algunos especificaban dificultades con respecto a «la pureza». Este tipo de respuestas hablan de una educación que yo llamaría de «Antiguo Testamento», donde hay normas y obligaciones mínimas (los diez mandamientos no dejan de ser unas prohibiciones mínimas) que cumplir para estar a bien con Dios. Y en donde se les ha insistido en el «tema» sexo como especialmente significativo a la hora de ser cristiano.
         No faltaban las alusiones al rechazo social por ser cristiano, o la sensación de pertenecer a una institución que no conecta mucho con los jóvenes, o que es demasiado tajante en algunos planteamientos, o que no encuentra su espacio en el mundo de la cultura, o que se identifica demasiado con ciertos partidos políticos... (las «riadas» de que habla el Evangelio de hoy).
        Hubo quienes no veían ninguna dificultad en ser cristianos (resulta que a Jesús lo quitaron de en medio porque estorbaba... y nosotros no tenemos ya ninguna dificultad!). Es cuestión de creer en Dios, es un asunto personal, privado... Sólo unos pocos dieron una respuesta que tendría algo que ver con el Evangelio de hoy.
            También les preguntaba si tenían costumbre de orar y en qué consistía la oración. La mayoría de ellos decía rezar el padrenuestro o el avemaría antes de dormirse. Algunos añadían que pedían perdón, daban gracias, y pedían por sus familiares y amigos... o que les ayudase Dios en sus exámenes.
       ¿Por qué traigo a cuento todas estas cosas?
       Pues porque Jesús ha venido explicando a lo largo del Sermón del Monte en qué consiste su proyecto del Reino, y en qué consiste ser discípulo suyo (=cristiano). Y el pasaje de hoy vendría a ser el resumen y conclusión de todo lo dicho antes: El discípulo suyo es el que escucha su Palabra y la cumple, el que pone como cimiento de su vida las enseñanzas del Evangelio. Se trata, por tanto, de construir mi persona, mi comunidad y la sociedad en la que habito sobre la Palabra de Jesús (la gran ausente de casi todas las respuestas). De hacer un proyecto de vida, en el que lo importante no es el decir «Señor, Señor» (una oración/culto separados de la vida y del compromiso), cuanto que nos preguntemos continuamente cuál es la voluntad de Dios para mí en cada momento de mi vida, que vayamos haciendo nuestros los valores del Evangelio (los cimientos de la casa); donde el lenguaje del «cumplir» (mandamientos, normas, etc) queda absolutamente superado. Y donde el centro de atención se pone sobre todos en los otros, y aún más, en los que están marginados, en los que sufren, etc.
         Me parece que esto de la "nueva evangelización", lo que puede ayudar a que las riadas sean bastante menos catastróficas, y no se lleven tan fácilmente por delante la fe construida sobre arena... tiene que ver con poner los acentos donde hay que ponerlos, relativizar lo que es secundario, e ir a lo nuclear. Ser «cristiano», lo dice el nombre, tiene que ver sobre todo y principalmente con Cristo y su Evangelio. Ser como él, vivir como él, para lo mismo que él, y apoyarnos en él. Esto es construir sobre roca. Una casa nunca terminada, siempre en revisión, siempre mejorable. Y todo lo dicho es aplicable no sólo a lo personal: también a lo comunitaroi, lo eclesial y lo social.
Enrique Martínez, cmf