2011-05-26

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“COMO EL PADRE ME HA AMADO, ASÍ OS HE AMADO YO; PERMANECED EN MI AMOR”.

Jesús nos comunica lo que ha oído a su Padre, y en ello demuestra que nos ama, porque todo lo que le ha escuchado a su Padre nos lo ha dado a conocer. Pero no sólo el Maestro nos ha enseñado la Verdad de Dios, sino que nos introduce en sus relaciones más íntimas, y nos ha amado con el amor con que Él es amado, amor divino, el mismo amor que en el Jordán y en el Monte Alto declaró: “Éste es mi Hijo, el amado”. Si somos amados así por Jesús, también nosotros, al igual que Él, somos amados de Dios.

El sarmiento, cuando permanece unido a la vid, da mucho fruto, igual que cuando el discípulo permanece en el amor de su Maestro. La estabilidad del discípulo proviene de permanecer en el amor de Dios.

La comunicación que hace Jesús a los suyos sobre su amistad e intimidad, se ve especialmente celebrada en las escenas pascuales cuando, en el jardín de Arimatea, María Magdalena abrace los pies del Resucitado; en el cenáculo, Tomás meta sus dedos en las heridas del Señor; y sobre todo, Simón Pedro, a la orilla del mar de Tiberiades, responda a las preguntas de su Maestro: “¿Me amas”?

Jesús desea mantener unas relaciones de pertenencia mutua, como la que Él tiene con su Padre. Nos llama a ser de Él, pero no como esclavos ni sujetos por vínculos legales, sino por amor. Él ha venido a revelar que Dios es amor y lo ha demostrado hasta el extremo. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, Y tanto amó a los suyos que los amó hasta el extremo.

Es un privilegio la fe, un regalo el conocimiento de la verdad evangélica, un don precioso la experiencia creyente de saberse amado de Dios. “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”.

DISCERNIMIENTO
¿Te sientes amado de Dios? ¿Tienes alegría en el corazón por saberte discípulo de Jesús, del grupo de sus amigos? ¿Crees en el amor de Dios?

TESTIMONIO
“En estos tiempos convienen amigos fuertes de Dios, para sustentar los flacos” (Santa Teresa). Si te preguntara Jesús como a Simón Pedro, ¿podrías responder del mismo modo? Quizá es más segura la respuesta: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes si te amo”, y quedar abandonados en la misericordia de quien sabemos que nos ama.